| V Festival de Cine Asiático de Barcelona | |
| Por Alejandro G. Calvo y Manuel Yáñez | |
| Está claro que cómo los organizadores del BAFF, la gente de 100.000 retinas, sigan apostando tan fuerte y acertadamente en la calidad de los films proyectados, éste lleva paso, si no lo es ya, de convertirse en el mejor festival de cine de la ciudad de Barcelona. La necesaria mirada a un cine asiático incapaz de llegar a nuestras carteleras, han hecho de esta quinta edición del festival, una verdadero festín de buen cine, donde todas las películas cómo mínimo, tenían el aprobado. Que al final ganara el Durián de Oro la excelente Angel on the right, en el fondo da lo mismo, puesto que tanto películas cómo Oasis o Infernal affairs podrían haber lúcido con igual de orgullo dicho galardón. En fin, nuestras felicitaciones a la gente de 100.000 retinas, a la que deseamos lo mejor para la edición del próximo año, y a toda la gente que acudió a la llamada del festival, demostrando que el interés cinematográfico de los espectadores no se detiene en los multisalas. Las cinco mejores del BAFF Angel on the right, Djamshed Usomonov, Tajkistán, 2002La ganadora del festival ha resultado ser esta producción de un país en la inopia cinematográfica mundial cómo es Tajkistán. Un film tierno, que bascula entre el drama y la tragicomedia de manera brillante, narrado con un estilo sentidamente poético y que tiene la habilidad de conjugar una estética cercana al cine de Kiarostami con un sentido del humor increíblemente cercano a realizadores tan diferentes cómo Aki Kaurismaki o Takeshi Kitano. En fin, una joya fílmica que por el bien del panorama cinematográfico actual debería encontrar una distribución internacional digna de su calidad, por supuesto, algo que no va a suceder. Oasis, Lee Chang-Dong, Corea del Sur, 2002Si afirmo que esta película es una de las historias de amor más dulces, inocentes, puras y sublimes del cine de los últimos años y luego explico que dicha historia nace del intento de violación de un joven marginado y algo retrasado a una chica con parálisis cerebral puedo dar una cierta idea de los parámetros que configuran la propuesta de Oasis, una elegía a la entrega y el sacrificio por amor. El director consigue relatar con pulso firme y mirada franca, una historia que se muestra escalofriantemente real gracias a la colosal labor de sus protagonistas. Esperemos que el premio al mejor director y de la crítica del Festival de Venecia puedan ayudar a ver esta película en la cartelera nacional. Jelousy is my middle name, Park Chanok, Corea del Sur, 2002Entretenida historia sobre desamores, celos, infidelidades y venganzas. Una muestra del comportamiento de los habitantes de la Corea actual que se muestra enormemente universal, ya que la película acaba asemejándose bastante (salvando las distancias) a los estudios de gente como Allen o Rohmer. Con una realización sobria y sugerente, sorprendente en una debutante, y unos actores más que correctos la película solo aqueja un desenlace demasiado dilatado al que le cuesta encontrar una, por otra parte fantástica, rúbrica final. Infernal Affairs, Andrew Law y Alan Mak, Hong Kong, 2002Lo más cercano a una superproducción estrenado en este festival es este vibrante e inteligente thriller, que consigue recuperar para Hong Kong el buen cine de acción que predominó en los ochenta y que lanzó internacionalmente a realizadores como Tsui Hark, John Woo o Ringo Lam. Un film cuidado hasta el último detalle, con un excelente dibujo de personajes –algo realmente sorprendente en un film de acción trepidante–, un entramado dramático cercano al Hard-Boiled de Woo y una resolución final digna de una angina de pecho, coronada por unas interpretaciones más que solventes de unos siempre magníficos Tony Leung y Andy Lau. Blissfully Yours, Apichatpong Weerasethakul, Tailandia, 2002Esta arriesgada y radical propuesta puede catalogarse dentro del interesante y necesario panorama del metacine. Con un prodigioso sentido de las formas cinematográficas la película se adentra en las vidas de sus ambiguos personajes para ir componiendo un poema visual alejado de las convenciones narrativas. Siempre interesada en aquello invisible al mainstream actual, con un ritmo pausado y preciso, la cámara reposada y atrevida nos ofrece la libertad para fijar nuestra mirada sobre los conceptos que brotan de las imágenes. Un traumático y maravilloso viaje sobre un texto denso de liviana apariencia. Sobre el cine y lo que significa esta vivo. Las otras propuestas Kewaishi, Mitsutoshi Tanaka, Japón, 2001Sobre una estética extremadamente preciosista, Kewaishi es un retrato del Japón de los años 20. Mientras las correctas labores de dirección artística y fotografía, acompañadas por unas buenas actuaciones, dotan a la película de cierto interés, esta se desploma estrepitosamente en las escenas más relevantes de la narración, abusando de recursos propios de la publicidad (es la ópera prima de un realizador de anuncios y videoclips) y del molesto subrayado de imágenes (lágrimas, espejos) que por tópicas pierden su carácter metafórico. Quizás un guión menos disperso y ambicioso hubiese sido una mejor elección para un debut cinematográfico. Conjugation, Emily Chang, China/Hong Kong, 2002La mejor de las muchas óperas primas vistas en el festival. Conjugation nos relata las penurias que debe pasar una joven pareja para poder sobrevivir en el Pekín de 1989. La película consigue un sostenido equilibrio entre el tono de denuncia y la preocupación por sus personajes, alcanzando sus cotas más altas en el poético retrato (a veces dulce y otras dramático) de la intimidad de la pareja protagonista. Con una realización que bascula entre la tosquedad de la cámara al hombro y una imagen porosa, y la estilizada pulcritud de una cuidada puesta en escena, Emiy Chang consigue encubrir hábilmente defectos propios de una mirada cinematográfica recién nacida. The sean watches, Kei Kumai, Japón, 2002Decepcionante adaptación de un guión de Akira Kurosawa. Pese a su fastuosa apariencia, con grandes decorados y efectos especiales, The Sea Watches es una película que cojea por todas partes, mostrándose precipitada cuando la historia necesita un ritmo pausado y contemplativa cuando ya no queda nada por contar. Una historia partida en dos historias de amor que no consiguen comunicar el drama que sufren sus abatidos personajes. La realización tampoco es destacables, ya que no consigue encontrar un estilo visual que ofrezca coherencia a un endeble guión. Pese a la correcta labor de los actores no hay quien entienda tanto lloro y pataleta. A forest with no name, Shinji Aoyama, Japón, 2002El detective más chulo del mundo debe infiltrarse en una secta para sacar de allí a la hija de un rico industrial. Lo más conseguido del filme es la recreación de la sede y los comportamientos de la secta, explotando con gracia y estilo lo siniestro y fantasmagórico, pero fracasando en los ridículos intentos por convertir el suspense en terror. Una historia poco original dentro del panorama del cine fantástico que nos llega de Asia. Blue Gate Crossing, Yee Chih-Yen, Francia/Taiwan, 2002El film es la segunda parte de los Cuentos sobre la China moderna iniciados con la apreciable La bicileta de Pekín de Wan Xiashowai. Superando a su precedente en el desarrollo dramático, el film es un retrato agridulce, no exento de cierto lirismo, de un grupo de jóvenes chinos y sus interrelaciones sentimentales. Una película contada con la ternura y precisión necesarias para retratar un Pekín algo absorbido por la globalización imperante occidental, pero que mantiene intacto un estilo de comunicación propio y estilizado, que nada tiene que ver con las fórmulas arquetípicas y desgastadas del cine de occidente. Nothing to lose, Danny Pang, Tailandia/Singapur, 2002El cincuenta por ciento de los hermanos Pang, autores del hit de terror recientemente estrenado en nuestro país The eye, protagoniza y dirige esta obra, por desgracia, demasiado occidentalizada para que pueda llegar a gustar. Un cruce extraño entre Asesinos natos, Thelma & Louise y Bonnie & Clyde, coronado con estética videoclipera y con continuos golpes de música máquina, sólo de interés por algunos toques de comedia ligera (cómo el “superpoli” que les persigue), pero cuyo entramado dramático hace aguas desde el primer fotograma. Public toilet, Fruti Chan, Hong Kong/Corea del sur, 2002El realizador de Durian, Durian filma en formato digital las aventuras de un grupo de jóvenes que emprenden diferentes peregrinajes para poder encontrar medicinas “mágicas” que curen a sus respectivos familares. Film extraño, con una poesía centrada en lo escatológico –las imágenes del film están continuamente bañadas en orina– en unas ocasiones más acertadas que en otras, es pretendidamente irregular y ambiguo, presentando a un gran número de personajes a los que se les concede una marcada desigualdad de protagonismo. Curiosamente funciona, aunque sólo sea para los que poseen un paladar capaz de aceptar cualquier cosa en una pantalla cinematográfica. Chicken Heart, Hiroshi Shimizu, Japón, 2002Shimizu ha sido durante mucho tiempo ayudante de dirección del mejor cineasta nipón de los últimos tiempos Takeshi Kitano –productor, no por casualidad, del film proyectado–. Chicken Heart coincide así con el sentido del humor tosco y estilizado presente en films cómo El verano de Kikujiro o Brother, pero muy alejado en el calado dramático de estos. Si bien los personajes consiguen trasladar esa simpatía de los loosers kitanianos, su desarrollo narrativo no consigue conjugar con el lirismo necesario para hacer de esta obra un buen film, cuyo final dramático, resulta demasiado abierto e inexacto. Three, Kim Jee-Woon, Nonzee Nimibutr, Peter Ho-Sun Chan, Corea-Tailandia-Hong Kong, 2002Tres historias de terror oriental, tan en auge el género en estos días, de calidad desigual pero con un resultado global bastante satisfactorio. El film, cuyos derechos para un remake ya han sido adquiridos por Tom Cruise, tiene su punto más bajo en la segunda historia, The Wheel, un trabajo más clásico que la primera e impactante Memories y esa maravilla que es el último episodio Coming Home, del cual, por cierto, ya se ha hecho un largo, dada la buena recepción del público y la crítica del episodio de Ho-Sun Chan. El equilibrio entre surrealismo, terror, drama e, incluso, comedia, hacen de Coming Home una propuesta irresistible para cualquiera ávido de buen cine. |