Miradas de Cine Crónica del BAFF 2004
Por Alejandro G. Calvo

Fragmentos de un cine futuro

A los incansables organizadores del BAFF este año se les ha de felicitar con un particular esmero. En principio, que un festival minoritario, pueda albergar, ahí es nada, una mejor proporción entre obras de calidad/obras expuestas que todo un San Sebastián o un Valladolid, no es ninguna tontería, y esto lo digo con el suficiente conocimiento de causa, tras sufrir en la butaca, como si se tratara de una silla eléctrica, en San Sebastián en más de una ocasión (incluyendo el visionado de la ganadora del último certamen). Cierto es que el BAFF se beneficia de la actitud digna de frenopático de las distribuidoras cinematográficas de nuestro país, puesto que para ellas da igual que la película sea magnífica o una flatulencia, si es americana se compra y si es asiática no, punto y a parte –quién quiera pedir culpables, puede empezar mirando a todos los críticos de periódicos diarios que se hallan ahora en Cannes, ellos deciden en su insultante criterio, lo que es rentable ver y lo que no–, por lo que el número de films no estrenados en nuestro país es lo suficientemente extenso como para poder proyectar un festival bien completo de obras de calidad. De hecho, de todas las películas vistas en este festival en el certamen anterior, donde se vieron verdaderas obras maestras: Angel on the right de Djamshed Usmonov, Blissfully yours de Apichatpong Weerasethakul, Infernal affairs de Andrew Lau y Alan Mak, Oasis de Lee Chang-dong o Three deKim Jee-Won, Nonzee Nimibutr y Peter Ho-Sun Chan; sólo se ha estrenado comercialmente la obra The sea watches de Kei Kumai, una irregular película cuyo principal aliciente era un guión firmado por Akira Kurosawa. El panorama no es mucho más alentador este año, el BAFF nos vuelve a ofrecer un catálogo de maravillas orientales de las que dudo que se llegue a estrenar algo, poco importa la insultante calidad de películas como Shara de Naomi Kawase (a la postre la ganadora del certamen) o Goodbye, Dragon Inn de Tsai Ming-Liang, el nulo eco que la prensa hace de este festival y de sus películas, anclan sin remisión todo un conjunto de obras que el buen cinéfilo deberá esperar a que el realizador se consagre y le dediquen una retrospectiva en Sitges o Gijón, o bien, empiece a volverse un experto en informática y mediante una potente banda ancha... –XXXXXXXXXX XXXXXXXXX XXXXXXXXXX– (frase censurada para evitar mayores problemas).

Teniendo en cuenta, la crítica posición que toman tanto distribuidoras como exhibidoras, es aún más problemático el carácter que asume la crítica cinematográfica en nuestro país. Creerme que me duele decir esto, pero todos los críticos –entendamos como importantes los críticos de diarios y revistas mensuales– que residen en Barcelona han demostrado un total desinterés sobre lo proyectado en el festival, poco importa que las obras hubieran obtenido diversos galardones en Cannes, Venecia, Berlín, Rótterdam, Hong Kong o San Sebastián... ni un solo crítico de renombre se acercó por curiosidad a ver Blind shaft –Oso de Plata en Berlín 2003, Premio al Mejor Guión en Tribeca Film Festival–, Spring, summer, fall, winter... and spring –Mejor película Asiática en el festival de Locarno 2003, Premio del público en San Sebastián 2003– o Last life in the universe –Premio FIPRESCI en el festival de Bangkok– y podría seguir...; algo que en mi produce una vergüenza ajena de difícil calificativo. Está claro que si los superiores no encargan cubrir tal o cual película, el crítico no muestra ya el más mínimo interés en ver el film, ¿su calidad? ¿su repercusión? ¿su importancia?... banalidades para los ojos del crítico que cubre Van Helsing –cito el esperpéntico film de Sommers puesto que el día que fue el pase de prensa en Barcelona, allí se presentaron todos los representantes de la crítica, mientras que por la noche, durante el pase de Shara, los únicos corresponsales presentes en el cine éramos los que no ganamos dinero con el oficio de hacer crítica–. Al final incluso habrá que aplaudir las horribles críticas que escriben los Carlos (Boyero y Pumares), por que al fin y al cabo, ellos sí se toman la molestia de verlas, aunque luego las insulten y las repudien...

En fin, volviendo al festival, y antes de empezar el análisis concreto de las películas, me gustaría comentar lo oportuno del cambio –siento el apunte exclusivamente localista– de la Sala Apolo por el Cine Rex, para mayor comodidad de los asistentes, y certificar el crecimiento de este festival –este año en el jurado había nombres tan importantes como: Djamshed Usmonov (el ganador el año pasado), Rajat Kapoor, Isabel Coixet, Roger Bernat y Raquel Aranda–, que este año, tenía uno de sus puntos fuertes en el País Invitado: Taiwán. No entraré después en el análisis de estos films, puesto que la gran mayoría ya se han estrenado comercialmente en nuestro país, pero sí citar, que está claro que hoy en día, el país originario de monstruos del séptimo arte como Wong Kar-Wai, Tsai Ming-Liang, Hou Hsiao-Hsien o Edward Yang, es uno de los valores principales del cine que viene de Asia. En esta retrospectiva, junto a obras tan conocidas y admiradas como Yi-Yi de Edward Yang o Millenniun Mambo de Hou Hsiao-Hsien, además pudimos recuperar un antiguo film de Ming-Liang, The hole, una obra alucinante que junta con alto descaro el terror apocalíptico con el drama romántico, todo aderezado con diferentes impasses musicales, y un film tan perturbador como The Missing, de Lee Kang-Sheng, el actor fetiche de Ming-Liang, que en su primer film recupera parte de la estética de su maestro para elaborar un film basado en la desesperación y el nihilismo existencial, todo rodado con una quietud y un impávido tempo dramático, que convierten la visión del film en toda una experiencia estética.

Comentario sobre lo visto

Goodbye, Dragon Inn, de Tsai Ming-Liang (Bu Juan Bu San, 2003. Taiwán), SO

Descubro, no con poca vergüenza, al realizador taiwanés Ming-Liang con esta obra, ya pasada con gran éxito en Venecia. El realizador de Vive l'amour y The hole asienta los principios estéticos de su cine en tres armas herederas del cine clásico: el plano fijo, la ausencia de diálogos y el tempo aletargado narrativo. Goodbye, Dragon Inn es su peculiar canto de amor al cine, o mejor dicho, a las viejas salas de cine, hoy en día, engullidas por parques comerciales en scopevision y con Big Mac de regalo. El paseo fantasmal de unos personajes por un cine medio vacío soportando la quietud del plano bajo la proyección del film de artes marciales Dragon Inn, tiñe la obra de melancolía, rota en contados puntos por pequeñas dosis de humor, digamos taiwanés –una mezcla de humor negro minimalista y gags herederos de lo absurdo–, que hacen del tranquilo devenir de la descomposición de lo amado en las viejas salas de cine, un poema censurado a los espectadores no interesados. Una pequeña joya que afianza a Ming-Liang como director de vanguardia al lado de sus coetáneos Kar-Wai y Hsiao-Hsien. A.G. Calvo

Shara, de Naomi Kawase (Shara Sôju, 2003. Japón), SO.

La realizadora de documentales Naomi Kawase saltó a la dirección en 1997 con el film Suzaku, ganador de la Cámara de Oro del festival de Cannes del mismo año. Gracias al BAFF descubrimos a esta directora japonesa de la mano de una obra tan impresionante como es Shara, otra película de fantasmas –en una larga tradición asiática– que narra la supervivencia espiritual de una familia que ha perdido uno de sus dos hijos gemelos. El film, narrado en continuos planos secuencia, muchos de ellos cortados abruptamente, fotografía la tristeza de una familia, que sin embargo lucha por dejar atrás tan amargo suceso. Sin duda alguna, la mejor y más emocionante escena del film, es un largo baile a cargo de los jóvenes del pueblo en una especie de carnaval del mismo, donde la familia ya ha decidido superar la tragedia y entregarse a una nueva vida. El baile, como una explosión de alegría sin límites, transmite plena felicidad tanto a los personajes como al espectador, que aprende con los protagonistas a sobrevivir a la desgracia. A.G. Calvo

Kakuto, de Iseya Yusuke (Ídem, 2003. Japón), SO.

En un mundo en el que gran parte de la población se posiciona en contra de la globalización, hay un concepto que, se quiera o no, parece incontrolable en su expansión a escala mundial (y apostaría que interplanetaria también): la estupidez. Ya no hay motivo para irritarse porque innumerables producciones estadounidenses nos invadan con adolescentes descerebrados. Ya es tarde: la fiebre se ha expandido a otros países. El cine español ya ha producido, incluso, alguna nimiedad del estilo (Gente pez y alguna más cuyo título no recuerdo). Claro que Kakuto, al venir de una cultura como la japonesa es diferente. Pero una vez vista, el regusto que queda es el mismo: mixtura de géneros (comedia y thriller) en el que los protagonistas, jóvenes de vida desordenada y relacionados con actividades ilegales de la mafia nipona, se entregan a un frenesí nocturno en busca de la droga perdida. Todo con exasperantes toques modernillos (cámara nerviosa principalmente) para enganchar, me imagino, a cierta audiencia, aunque no sé a cuál ya que relacionar ese estilo con el público adolescente suena a tópico. Y cómo no, planos gamberros como ese precioso plano detalle de unas manos en cuenco, que no recogen agua bendita sino el vómito de uno de los protagonistas. Entre tanta tontería, y aquí radica la diferencia antes comentada, Yusuke Iseya quiere dotar la película de una importancia que, evidentemente, no tiene y en algún pasaje se recrea en lo que tendría que ser un doloroso retrato generacional. Y no es doloroso, sino insoportable, con diálogos de perogrullo mal insertados dentro de una película que no merece ni cinco minutos de atención. Jordi Picatoste

Infernal Affairs II, de Andrew Lau y Alana Mak (Mogan Do 2, 2003. Hong Kong), SO

Fue una de las sorpresas del BAFF del año pasado: Infernal Affairs. Un thriller, proveniente de Hong Kong como hacía tiempo que no se veía, al menos, en las carteleras españolas. Una historia, no muy original pero sí tremendamente eficaz, de infiltrados en los dos bandos, en la policía y en la mafia. Una realización elegante. Un ajustado uso de la banda sonora. Un ritmo magnífico donde los hechos se iban sucediendo sin prisas, pero sin pausas. Y lo mejor, la demostración de cómo se podía hacer un filme de acción, lleno de tensión, sin apenas hacer uso de la violencia ni de las escenas espectaculares. Y parece que el remake estadounidense de Infernal affairs es uno de los próximos proyectos de Martin Scorsese, lo que, sin ser yo un fan del director de Al límite, puede ser impresionante. La película fue todo un acontecimiento en su lugar de origen. Y los directores Andrew Lau y Alan Mak han realizado no una sino dos variantes de aquel título. Esta, que lleva el equívoco número 2, no es una secuela, sino una precuela –la secuela de verdad lleva el 3. Ambientada en un periodo temporal que abarca desde 1990 hasta 1997, con la devolución de Hong-Kong a China por parte del Reino Unido, el filme incide en semejantes marcas de estilo que la anterior, bebe de la saga de El padrino y se presenta como una muy competente y digna continuación (o predecesora) de la primera parte, aunque haya ciertos aspectos (aislados) de la historia que no acaben de cuadrar. Jordi Picatoste

Vibrator, de Ryuichi Hiroki (Ídem, 2003. Japón), SO

Permítanme, ahora que está de moda comparar las películas con Lost in Translation –como si fuera la única vez que nos hubieran explicado una historia de amistad entre dos personas de sexo distinto–, que yo me suba al carro. En este caso, porque la primera media hora de Vibrator, que es excelente, plantea lo mismo que la película de Coppola –el encuentro entre dos desconocidos– de manera más sucinta, pero con alguna diferencia. La primera, que está narrada por la protagonista femenina, por lo que conocemos lo que ella siente (las imágenes son interrumpidas por rótulos con sus pensamientos en fondo negro). La segunda, que este encuentro no se da en un país extranjero sino en la propia tierra de los protagonistas (lo que bien visto, es peor: no es lo mismo sentirte extraño en otro país que en el tuyo propio, rodeado de quién te conoce y de gente a la que, en teoría, quieres). Y la tercera, la más importante, que esa media hora concluye con una larga escena de sexo. Larga, necesaria y espléndida. Al habernos planteado la película en primera persona, sabemos cuánto significa para ella ese rápido escarceo sexual, más allá del puro placer cárnico. Con el camión del chico como improvisado espacio de recreo sexual y con planos cortos y desesperados, percibimos el confort y alivio que para ella representa agarrarse en íntimo ejercicio –y sentir como suyo– a un desconocido. Pero lo que sucede en Vibrator, es que después del sexo, la pareja intima y el espectador se enfría. Se convierte en una road movie en la que se charla y se fornica, pero como si formara parte de un guión preestablecido que todos conocemos. Al final, recupera el tono y nos adentramos otra vez en las interioridades más interesantes de los humanos como seres necesitados de expresar sus emociones a los demás. Lástima, entonces, del largo bloque central. Jordi Picatoste

Last life in the universe, de Pen-ek Ratanuarang (Ruang Rak Noi Nid Mahasan, 2003. Tailandia/Japón), SO

Una vez dio comienzo el Festival de cine Asiático de Barcelona, se oían voces de que Last life in the universe, fue bautizada en Venecia 2003 como el equivalente tailandés de Lost in translation de Sofia Coppola. Lo cierto es que ambas película comparten muchas similitudes, como sus emociones en coma; su capacidad por captar la tristeza de alguien que se siente extranjero y perdido en un lugar que no le corresponde, en este caso un joven bibliotecario japonés que vive en Tailandia. Además de todo ello la cinta posee un extraño sabor donde las atmósferas, los silencios y las miradas de los personajes centran la atención por encima de las palabras. El magnífico Pen-Ek Ratanarung, conocido ya en este Festival tras la proyección de la espléndida Mon-rak Transistor el año pasado. Nos trae aquí su última pieza maestra galardonada en Venecia'03 con el premio al mejor actor masculino para Tadanobu Asano. Intérprete conocido en los circuitos festivaleros, y joven promesa del nuevo cine japonés, ha actuado con directores de la talla de Takashi Ishii, Takeshi Kitano o incluso para el incombustible e inclasificable Takashi Miike, entre otros. Last life in the universe es la historia de un amor imposible entre un joven extremadamente ordenado pero con tendencias suicidas (del cual no sabemos nada de su pasado aunque su tatuaje en la espalda advierte que en algún momento de su vida pudo haber formado parte de una familia yakuza), y una joven díscola que ansía en irse a vivir a Osaka. La majestuosa fotografía está firmada por Christopher Doyle, habitual colaborador en el cine de Wong Kar Wai. Last life in the universe, se alzó pues, como una de las mejores películas vistas en el BAFF, superior en muchos aspectos a la triunfadora del presente certamen, Shara. La anécdota de la proyección recayó cuando aparece Takashi Miike hacia el último tercio de la película, en una breve actuación de yakuza y con diálogo chispeante. O la aparición del póster de Ichi the killer en un videoclub. Cierto sector del público empezó a aplaudir y se oyeron risas de satisfacción ante el guiño de Ratanarung para el fan de Miike. Alberto Rodríguez

Ramblers, de Nobuhiro Yamashita (Lializumu no yado, 2003. Japón), SO

Con una formal puesta en escena llegó la nueva película de Nobuhiro Yamashita. Ramblers, una adaptación de un conocido manga japonés del dibujante de culto Yoshiharu Tsuge, nos descubre a un autor personal, cercano al estilo de los hermanos Kaurismäki. Mostrando una gran capacidad innata para explicar dentro de su historia, todos aquellos pequeños detalles, que a simple vista pudieran pasar desapercibidos en la rutina de la realidad que narra. Incluso, comparte el gusto por las situaciones absurdas al estilo de los citados Kaurismäki, con ello consigue distanciar al público de la cruda realidad de su relato. Ramblers es la historia de dos cineastas amateurs que se citan con un actor en un pueblecito de Japón. Una vez llegan allí, reciben una llamada donde el actor les advierte que llegará con retraso. Los dos jóvenes deciden esperarle y tomarse dos día de vacaciones, bañándose, pesando, etc. Una excéntrica chica del pueblo se les unirá y los tres juntos harán un viaje donde podrán conocerse asimismos. La cinta de Yamashita hace un sencillo retrato del país y de su gente, fijando su mirada, a los pueblos y las costumbres, alejado del mundanal ruido de la ciudad. Todo ello le sirve de excusa al realizador nipón, para evidenciar ciertos aspectos rutinarios de la vida, haciendo partícipe al espectador. Una estupenda película, austera y sencilla en estilo donde los actores (la parte más importante de la trama) aportan frescura y dinamismo a un relato que podría definirse como una road movie minimalista. Alberto Rodríguez

Drifters, de Xiashouai Wang(Er di, 2003. China), SO

Wang Xiaoshuai, el realizador de La bicicleta de Pekín, presenta con Drifters, un film sobre los efectos secundarios de la emigración a partir de la experiencia de un chino repatriado, tras vivir en la ilegalidad en Estados Unidos, que regresa a su pueblo natal con las manos vacías y una apatía incurable que no puede distraer ni los encantos de una bella mujer. Xiaoshuai hace aquí otra implacable denuncia social, a partir de la tragedia personal de un individuo, sobre las ilusiones y metas no conseguidas por parte del sector emigrante. Que abandonan su hogar y sus recuerdos para encontrar en el nuevo país una vida mejor. La cinta es un reflejo exportable a nuestra sociedad, cada día son más las pateras con emigrantes que llegan a nuestro país que buscan exactamente lo mismo que el protagonista de la película. Aún las buenas intenciones de su realizador chino, Drifters es un filme irregular, arrítmico que cae en mensaje reiterativo y el subrayado explícito, provocando cierta monotonía general. La cinta prefiere reincidir una y otra vez en lo evidente del problema, algo que en mayor o menor medida podemos saber por lo obvio del asunto. Ésta película podría haber intentado destripar y meter el dedo en la llaga en lugares vírgenes, aún por explorar. Alberto Rodríguez

Blind shaft, de Li Yang (Mang Jing, 2003. China), AS

La ganadora del Oso de Plata en el Festival de Berlín de 2003, llega de las manos de otro realizador, para mí, desconocido (cuanto me queda por ver aún, madre mía), el chino Li Yang. La película, censurada en su país, narra las vivencias de dos mineros que se dedican a chantajear a sus capataces tras asesinar a un incauto al que hacen pasar por un pariente. No es de extrañar que en un país aún tan falto de libertades como China está película sobre dos pícaros cercanos al hijoputanismo halla levantado ampollas en la principios éticos del país. Film plagado de un humor negro con la estructura clásica de la iniciación de un joven que se promete como próxima víctima de los pendenciero, Blind shaft es una mixtura de sensaciones, casi todas rozando el absurdo, que acaba por resultar como una obra sumamente interesante. Con un final previsible, la lectura moral del film es de las que apisonan al espectador, si alguien busca la definición enciclopédica de anti-héroe, que se acerca al film de Yang. A.G. Calvo

Bright future, de Kiyoshi Kurosawa (Akarui Mirai, 2002. Japón), AS.

A Kiyoshi Kurosawa sí que le conocemos algo más. El realizador de las impresionantes Cure y Kairo, le pudimos ver en Sitges con su última obra, la extravagante Doppleganger, que junto con esta Bright future –también presente en Sitges, en la sección Seven Chances– definen a Kurosawa como un realizador destinado a barrer los límites de los géneros cinematográficos. Películas abiertas y con un alto carácter metafórico, la plasticidad de sus imágenes, por lo general oscuras con destellos hiperrealistas, nos muestran un universo más interior que físico de los personajes. En Bright future Kurosawa nos abre una historia que no por atractiva sea carente de algunos baches, pues en la inconcretización es fácil despistarse, protagonizada por el siempre interesante Tadanobu Asano y el mito con piernas que representa Fuji Tatsuya, sobre la amistad autodestructiva de dos amigos interconectados tanto entre ellos, como con unas evocadoras e hipnóticas medusas. A.G. Calvo

Darkness bride, de William Wai Lun Kwok (You Gou, 2003. Hong Kong/Taiwán)

Una de las propuestas más radicales del BAFF 2004 –esto es digno de mención en un festival de un carácter, ya de por sí, bastante extremo– es este film proveniente de Hong Kong, sobre, una vez más, fantasmas y territorios ancestrales, así como la dualidad entre la decrepitud existencial de la vida en el campo (parecida a unas dunas saharianas) y la agresividad de una ciudad superpoblada. Film extraño, con una fotografía impresionante, que siempre apuesta por el plano más difícil, en especial en toda su primera mitad, plantea una historia de complejos ribetes, que junta sin desvergüenza: romanticismo, terror, filosofía zen y tradición ancestral. Con un pie en el surrealismo y otro en un planeta del espacio exterior, Darkness bride, afianza su confuso, aunque eróticamente inquietante, guión, sobre la creencia de que para que un alma descanse en paz, ha de ser enterrada con ella su pareja, aunque esta aún siga viva. A.G.Calvo

Spring, summer, fall, winter... and spring, de Kim Ki-Duk (Bom, Yeoreum, Gaeul, Gyewool, Geurigo, Bom, 2003. Corea del Sur), AS

El último y magnífico film de Kim Ki-Duk ya tuve la oportunidad de verlo, en lo que seguramente fue, lo mejor del pasado Festival de San Sebastián junto con Memories of murder de Bong Joon-ho y La historie de Marie et Julien de Jacques Rivette. Así que recupero mis palabras y las contrapongo con las del lúcido crítico José Enrique Monterde, en el artículo que ha escrito para Dirigido por... sobre el film Memories of Murder Bong John-ho. De mi texto en San Sebastián: «Film pleno de simbolismos, con una historia abrumadora en su sencillez pero deslumbrante en su originalidad –Ki-duk es el autor del guión– (quien se creía que en esto del cine estaba todo inventado, así como los que creen que ya sólo se pueden hallar productos originales en las obras de Godard y Greenaway, van listos), este cuento estacional y vital, un aprendizaje sobre la culpa y la redención que se descubre como una sutil parábola existencial, que te hipnotiza y te aprisiona en cada historia, para volverte a dejar libre al final de la misma, tejiendo un sentimiento existencialista en su conjunto con el aroma del más bello haiku visto por este corresponsal en este festival». De Monterde: «Engañabobos misticista y esteticista para gustos de aspirantes a bonzo por horas». Como veis, para gustos... A.G. Calvo

Turning gate, de Hong San-Soo (Saeng-Hwal-Eui Bal-Gyun, 2002. Corea del Sur), AS

También de Corea del Sur, un país que da a entender en cada uno de sus films que la distancia entre lo trágico y lo humorístico están a un simple paso, nos llega la película de uno de los valores fuertes del Cannes de este año: el realizador coreano Hong Sang-Soo. Película de varios capítulos, que en el fondo, no son más que dos historias conectadas por un mismo personaje, es un dibujo de las relaciones amorosas en la Corea del Sur actual, que viene a ser lo mismo que un reflejo de las relaciones a nivel mundial. Película costumbrista y de aspecto frío, no es más que un leve retrato del devenir vital del protagonista, encerrado entre una mujer que se enamora de él y otra mujer de la que está él enamorado. Película sensible, aunque pesimista, es un juego que transmite que no hay ley marcada por la fortuna en las relaciones humanas, Turning gate, habla también, aunque con menos convicción de las segundas oportunidades cómo algo desfasado en el tiempo. A.G. Calvo

Doing time, de Yoichi Sai (Keimusho No Naka, 2002. Japón), AS

Película insólita donde las haya. Si en algún género o subgénero habría que clasificarla sería en el carcelario... pero nada ver que con la oscuridad de las cárceles, tal como nos la han planteado en infinidad de películas, con los tonos azulados de la ropa de presidiario reinando en el ambiente. Ni violencia a flor de pie, ni tráfico de drogas, ni violaciones,... Todo lo contrario. La de Doing Time parece una cárcel de cinco estrellas. Los colores que imperan son claros y variados; las celdas espaciosas y de grupo, equipadas con aseo propio, televisión y otros incentivos; la comida, rica en diversidad, exquisita y, en fechas señaladas como el fin de año, abundante. Y, como mucho, el peor sentimiento que se puede tener hacia el compañero es el de desprecio, el de rabia. Pero de aquí a llegar a las manos... ¡ni por pienso!. No nos equivoquemos, no es que no haya en la prisión descrita severidad en los guardias y riguroso control y disciplina. Lo hay y, en la mayoría de ocasiones, por cosas ridículas. La combinación es insólita y atractiva para el espectador. Pero si con todo lo dicho pudiera parecer que esta cinta de Yoichi Sai es de una liviandad inofensiva, como un aperitivo frugal antes de la gran comilona, nada más alejado de la realidad. Tras ese caparazón de sonrisas se esconde una amargura hiriente y extraña, indescriptible, ligada a lo absurdo que en sí es tener todos los privilegios posibles en un espacio sin libertad. Espléndida. Jordi Picatoste

Peep "TV" Show, de Yutaka Tsuchiya (Ídem, 2004. Japón), D-Cinema

Siendo como era Peep "TV" Show una de las películas más esperadas del festival: Ahí es nada, una experiencia audaz rodada al completo con cámaras digitales de todo tipo, desde vídeo-cámaras en centros comerciales a cámaras diminutas situadas en cualquier lugar insospechado, fotografías digitales, webcams, páginas web..., que establece un interesantísimo diálogo entre la realidad y la ficción, o el comportamiento humano de ser continuamente registrado y el carácter vouyerístico de todos los espectadores ávidos de una realidad filmada, que a la postre, vale más que la realidad misma. Sin embargo, el camino que separa el film de Tsuchiya de un Gran hermano esquizofrénico es extremadamente breve. El realizador cae en el error de remarcar en exceso el bizarrismo de sus personajes, dibujándolos como nuevos héroes autistas de neo-tokyo. Secuencias tan excesivas y gratuitas como la destrucción de un lavabo público bajo el estridente sonido de una banda sonora horrenda, descubre que detrás de tanto embalaje artístico se halla el más puro hueco: sin guión, ni realización, el azar, que sí está presente, es lo más interesante de esta fallida cinta premiada en Rótterdam. A.G. Calvo

Love is not a sin, de Doug Chan (Zhongyi Wu Zui, 2002. Hong Kong/China/Macao), D-Cinema

Una de las mejores muestras, transgresoras y radicales de la sección digital del BAFF corrió a cargo de la obra de Doug Chan y su Love is not a sin, una película bizarra, donde Chan reflexiona sobre el amor y sus variantes. Barajando todos los géneros posibles, de la comedia adolescente, al thriller, al terror, al drama, la tragedia... para volver al punto de partida, la comedia adolescente... Todos ellos metidos en una centrifugadora surreal y absurda. La cinta propone una historia de amor truncado donde se dan cabida, el cine teenager y el anhelo por encontrar el amor, aunque este pueda resultar obsesivo y enfermizo. Una visión crítica y radical, centrando su trama en la confusión sexual de la pubertad. Dos amigas que comparten sueños y anhelos como el amor y el poder ir a la universidad, pero el misterioso secreto de un hermano siamés, provocará el enredo, dentro de una atmósfera asfixiante y malsana, cargada de giros argumentales.. Doug Chan, con la excusa argumental del amor, se atreve a hacer reflexiones crítico-sanguinarias hacia la puritana sociedad China, tocando temas tabú como el amor lésbico o el incesto (también tabú en nuestra sociedad), todo ello dentro de un relato con reminiscencias a Psicosis de Alfred Hitchcock. La textura y tonos de la cinta van de la hipersubjetividad a la hiperobjetividad a través de cortes, saltos, sobre exposiciones, pantallas partidas, cámaras rápidas, imágenes quemadas, diagramas y pixelizaciones. Explotando todos los efectos de una cámara digital casera, sin añadidos a posteriori, tan sólo las prestaciones mínimas de la cámara. Love is not a sin, es uno de los mejores descubrimientos que en los seis años de vida nos ha dado el BAFF. La cinta obtuvo el premio a la mejor película DV en el Festival de cine de Hong Kong. Alberto Rodríguez

Pirated copy, de He Jianjun (Man Yan, 2004. China), D-Cinema

He Jianjun, uno de los jóvenes directores de la Quinta Generación de China con más renombre, ayudante de dirección para Zhang Yimou y Tian Zhuangzhuang. Indaga en Pirated Copy, en el falso documental, con una cinta que narra la actual actitud de china frente al cine, pues allí este es considerado una poderosa arma de propaganda. Amado y temido, existe una fuerte censura. Las películas que llegan a las pantallas de cine del país, son supervisadas antes por las autoridades que deben darle el visto bueno. Los filmes occidentales tampoco llegan a los cines, aunque cada día aumenta la cuota de pantalla en películas extranjeras. Pirated copy indaga en el subcultura del "Topmanta", a partir de la gente que vende DVD piratas y de como la sociedad compra películas en ese formato pirateado. Las películas de Almodóvar, Tarantino y otros directores occidentales son los superventas de ese comercio. Jianjun, no crítica el sistema de ventas sino que lo justifica. En una cinta demasiado larga y perdida en su discurso inicial, convirtiéndose en un despropósito y una película aburrida, pretenciosa y tediosa. Demasiado larga para lo poco que tiene que explicar. Alberto Rodríguez