| ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO (Alien, 1979. Ridley Scott) |
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Lovecraft en el espacioComo en esta misma revista hace un par de números ya se realizó un estudio sobre el realizador norteamericano Ridley Scott, en la que mi compañero Alejandro Díaz se ocupó de realizar el comentario de Alien, el octavo pasajero en su artículo La criatura que surgió del espacio profundo, realmente por mucho que escriba ahora yo, poco podré aportar al completo artículo de mi compañero, que emplazo al lector a leer para quien desee un estudio digno de este segundo film de Scott. Así que bajo pena de repetirme, he decidido variar un poco el estilo que suelen poseer los artículos de esta sección, esperando que el lector sea cómplice de tamaño experimento. Ahí vamos. Nos hallamos en un complejo mundo futuro ultratecnológico, donde aunque ya se han superado múltiples barreras científicas -desde los viajes interestelares a la criogenización-, las formas físicas de vehículo e instrumentación, lejos de convertirse en espacios asépticos, se han tergiversado hacia un barroquismo, sólo existente anteriormente en la mente del artista suizo H.R. Geiger. Estamos en el mundo heredero de Terror en el espacio (Terrore Nello Spazio, 1964) de Mario Bava y un grupo humano "típico ejemplo antihawksiano siguiendo los parámetros de Howard Hawks"(1), pero también estamos ante un mensaje politizado que villaniza tanto la tecnología ("madre", el robot -no confundamos con cyborg (Robocop / Idem, 1987. Paul Verhoeven) o androide (Blade Runner / Idem, 1982. Ridley Scott)- Ash), como a los jefes de la expedición, por algo detrás del guión se encuentra un personaje como Dan O'Bannon, uno de los guionistas con más imaginación (que no talento) y menos suerte que ha dado el cine de género. En este futuro incierto lo único que nos consta es que los seres humanos no parecen haber variado sus costumbres y modus vivendi tradicionales. Los tripulantes de la nave Nostromo, cuyo nombre original resultaba igual de literato, Leviatán, sin llegar a ser figuras maniqueístas son personajes sin fondo, simples trabajadores que no empatizan con el espectador, excepto por el miedo común que sienten hacia el octavo pasajero de la nave. Los otros siete: Dallas (Tom Skerritt), Ripley (Sigourney Weaver), Lambert (Veronica Cartwright), Ash (Ian Holm), Kane (John Hurt), Parker (Yaphet Kotto) y Brett (Harry Dean Stanton), se verán atrapados en la tela de araña en que se convierte su nave una vez se divide la cinta entre el horror sugerente de la primera parte, mucho más pausada y tétrica, frente al delirante body-count de la segunda parte, una vez el alien decide nacer reventándole el pecho a Kane, en una de las escenas más recordadas del cine de terror, e inclusive, del fantastique en general. Así hay dos aliens en Alien, el 8º pasajero, el que entendía a Tourneur y el primo hermano de Carpenter -por cierto, que para La cosa (The thing, 1981), rodada dos años después, Carpenter le robaría esa estética computerizada de ordenadores pedestres-, sin embargo siempre he entendido importante señalar la total amoralidad del alien frente a los intereses de "madre" y los rencores que estallan entre los tripulantes, incapaces de unirse para acabar con el intruso. El alien, es cierto, usa el cuerpo de Kane como incubadora humana, y a partir de entonces se desencadena la matanza dentro de la nave, pero su desarrollo posterior como asesino de los tripulantes no deviene por una maldad intrínseca en su personaje si no por su desarrollo natural y biológico, acomodándose a su nuevo hábitat (algo que hace con bastante rapidez). El cambio estilístico de la cinta en este punto pasa de los planos lumínicos del despertar de la tripulación criogenizada -ya viajaban así los tripulantes de 2001: Una odisea del espacio (2001. A Space Odyssey, 1968. Stanley Kubrick)- a convertirse en un alambicado enjambre de pasillos claustrofóbicos y de extrañas salas de almacenaje donde cae una fina lluvia de agua... Nostromo en el momento que el chest burster de cabeza fálica sonríe desde el pecho destrozado de Kane, se convierte en un castillo gótico, un barco espacial lleno de trampas y sombras que muerden al propio espectador, cuyo pánico va mucho más allá que los cuatro sustos prefabricados en el guión. Scott, y no su primo como apuntaron maliciosamente recientemente en Días de cine, por imposible que parezca, y al igual que ocurrió con Blade Runner posteriormente, da en la clave estética de la cinta, y demuestra como congeniar talentos tan dispares como los de Moebius, H.R.Geiger o Carlo Rambaldi, para obtener un resultado óptimo en todas sus facetas. Quizás, lo más llamativo de Alien, el octavo pasajero, más allá de su estética gótica y los diseños de Geiger (que por cierto, repitió concepto con desigual suerte en la curiosa Species / Ídem, 1995. Roger Donaldson), sea la fuerte estructura dramática de la cinta. El film de Scott se toma muy en serio así mismo, y eso crea un particular eco dramático durante toda la cinta (aunque los monólogos de Ash sobre polisacáridos y micro cambios en la densidad el aire son dignas del arquitecto de Matrix / Ídem, 1999. Wachowski Brothers). Las muertes de cada uno de los tripulantes, a cada cual más virulenta, o la misma expulsión de la nave del cadáver de Kane, crea un conflicto dramático que hace que tenga tanta fuerza la caza de Brett a cargo del alien, como cuando Ash intenta asfixiar a Ripley con una revista. La segunda parte de Alien, el octavo pasajero pierde en riqueza visual y en abstracción, volviéndose mucho más simple en todas sus formas, de acuerdo, pero la avalancha trágica de las muertes de los tripulantes, junto con la impotencia que les convierte en pasar de cazador a presa en un solo plano y el rápido devenir de los acontecimientos hacen de la segunda hora de la cinta un ejercicio de resistencia dramática que acaba desembocando, y espero que el sector femenino me perdone, en uno de los clímax más eróticos que yo recuerde del mundo del celuloide: Esa Ripley agotada y creída a salvo que se desnuda inconsciente de que el alien está con ella en la nave de salvamento (voy a evitar entrar en la múltiple simbología sexual de la cinta por que no acabaría nunca, aunque sí que es interesante, el planteamiento de Antonio José Navarro (2) que sugiere el hecho de que bajo las formas femeninas del alien se encuentra en realidad un hombre, y esa es la razón por la que primero mata a todos los hombres de la nave, antes que a Lambert y a Ripley; y en especial si pensamos en la muerte censurada de Lambert, en el que la cola/aguijón del alien se le introducía entre las piernas antes de matarla -ahora la escena es mucho más sugerente, pues sólo se oyen los desgarradores gritos de la protagonista-). Una de las bazas más interesantes de la cinta es la artesanía detallada de la que hace alarde. El hecho de que los trucajes digitales no estuvieran aún tan perfeccionados como en la actualidad, provocó el hecho de que tanto las partes físicas que se ven del alien adulto (gran alien) como el disfraz que llevaba el miembro de la tribu Masai Bolaji Badejo y que con sus dos metros cuarenta encarnaba al cazador extraterrestre, resultan de una veracidad terrorífica, y el hecho de que prácticamente nunca se vea al alien de cuerpo entero, provoca aún mucho más pánico, pues en todo momento, tanto la tripulación de la nave como el espectador, no sabe a que se está enfrentando... como bien demuestra la cara pálida y asustada de Dallas atrapado entre los conductos del aire vaginales donde lo caza el alien. Como el lector adivinará hemos aprovechado el reestreno de este, no sé bien como llamarlo, productor's cut o distribuidor's cut (cualquier cosa menos director's cut, pues al contrario de lo que se hizo en Blade Runner, donde sí se le obligó a Scott a realizar cambios significativos, la copia estrenada de Alien, el octavo pasajero si contaba con la total satisfacción del realizador), para que figurase como la cult movie del mes, por más que a mí me resulte algo absurdo el hecho de que no puedan reestrenar la cinta sin los añadidos, que ya figuraban en el DVD del film, ahora montados dentro de la narración, sin ningún respeto por los raccords ni por la coherencia de la película. Y digo esto, por que si hace un párrafo hablaba de la inteligente arma (consciente o no) del film es el hecho de que el alien nunca es visto en su totalidad, al menos de forma clara, hay en esta nueva versión un inserto digital del alien de cuerpo entero junto antes del asesinato de Brett que es una herejía cinematográfica. En un solo plano Scott tira por tierra la filosofía más sugerente de la cinta. El resto de añadidos son más bien intrascendentes y solo sería remarcable la aparición final de las vainas donde se hallan atrapados los cuerpos de Brett y Dallas, este último todavía con vida, suplicando a Ripley por su muerte. La escena, que ralentiza toda la huída de Ripley a la nave de salvamento, tiene su simpatía trash, y aunque en su día la quitaron por resultar demasiado explícita (y bajo la amenaza de recibir una calificación maligna para el estreno en los EEUU), tampoco la encuentro tan significativa, más sabiendo que Jean Pierre Jeunet retomaría dicha idea para su desquiciada y deliciosa Alien Resurrección (Alien: Resurrection, 1997) . (1) Hilario J.Rodríguez. Museo del miedo, Las
mejores películas de terror. Ed. JC. Madrid, 2003. |