Miradas de Cine THIS IS SPINAL TAP
(This is Spinal Tap, 1984. Rob Reiner)
  MdC
Por Sergio Vargas



























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Siempre nos quedará Japón

Para aquellos que desconozcan a la mítica banda de la que habla esta película, comenzaré haciendo un poco de historia. Todo tuvo su origen en los tempranos 60: Los británicos David St. Hubbins y Nigel Tufnel, que iniciaron su andadura musical en la escena londinense dentro de los grupos The Creatures (Las criaturas) y Lovely Lads (Adorables Mozos) respectivamente, se unieron en 1964 para formar una banda llamada The Originals (Los originales). La mala suerte les llevó a descubrir que ya existía una formación en Londres con tan atrevido nombre, y pasaron a ser The New Originals (Los nuevos originales), mientras que Los Originales primigenios devinieron en The Regulars (Los regulares). Tras desechar volverse a llamar Los originales a pesar de sentirse bastante tentados, finalmente David y Nigel decidieron rebautizarse como The Thames Men (Los chicos del Támesis) para, ya en 1967, con la incorporación del bajista Derek Smalls, convertirse en Spinal Tap. Superando estóicamente las misteriosas muertes de sus baterías (un extraño accidente de jardinería, un ahogamiento en el vómito de otra persona, una combustión espontánea, etc…), llegaron a cosechar cierto éxito dentro del mundo del rock duro con discos como Brainhammer (1970), Intravenus de Milo (1974), en cuya portada puede verse a la Venus de Milo enganchada a un gotero a través de su muñón, o Silent But Deadly, su primer álbum en directo. Indumentarias presididas por el cuero, mastodónticos escenarios, onanismo guitarrero sin límites, en fin, poseían todo lo necesario para convertirse en los abanderados del heavy mundial, y sin embargo, nunca ha podido vérseles en letras de oro al lado de los clásicos Led Zeppelin, Black Sabbath o Deep Purple, ni tampoco en ninguna antología de la NWOBHM (1), aunque sin embargo su afinidad con unos y otros y su extensa trayectoria no deja lugar a dudas de que deberían aparecer por algún sitio. ¿Por qué esto es así si tan legendarios son? ¿Y por qué yo no les conozco?, se preguntará usted que está leyendo este párrafo del todo innecesario para los más versados en la materia. Bueno, tal vez porque Spinal Tap nunca existió realmente. O al menos no hasta que Rob Reiner, Christopher Guest, Michael McKean y Harry Shearer los crearan en 1984, veinte años después de su supuesto origen.

Es, pues, precisamente en ese año cuando se estrena This is Spinal Tap, el debut como director de Rob Reiner, una descerebrada comedia con estructura de falso documental que recorre lo que parece serán los últimos coletazos de la banda tras diecisiete años de carrera y quince discos en su haber. La película comienza con Marty Di Bergi (el propio Reiner), un tipo regordete con barba y gorra que hace documentales, ¿les suena de algo? (2), presentándose a la cámara y anunciándonos las motivaciones que le han llevado a rodar su “rockumental”: «En 1966, fui a Greenwich Village, en Nueva York, a un club nocturno de rock llamado El Plátano Eléctrico. No se molesten en buscarlo. Ya no existe. Pero esa noche escuché a un grupo que, para mí, cambió la definición de "rock 'n' roll. Recuerdo el impacto que me causó su exuberancia, su energía pura y su puntualidad. Era el ahora legendario grupo británico Spinal Tap.»

Estamos a comienzos de 1982, en las vísperas de la presentación del último trabajo de los Tap, pero Polymer Records no está dispuesta a aceptar una portada tan sexista como la que propone el grupo. Comienzan las cancelaciones de conciertos, se prolonga el retraso de la aparición de Smell The Glove, y por si esto fuera poco, aparece de repente Jeanine, la novia de David, sembrando la discordia entre los líderes del grupo. Estas cosas pasan hasta en las mejores familias, o si no, que se lo pregunten a los Black Crowes, banda liderada por los hermanos Robinson, que se separaron principalmente por culpa de Kate Hudson, la esposa de Chris. Es cierto, una vez más la realidad supera la ficción. Claro que, yo también haría más caso a Kate Hudson que a un hermano.

Esta CRISIS, que gran palabra, momento tan especial para la carrera de cualquier grupo (salvo los inteligentes que lo dejan a tiempo, aunque luego vuelvan por la pasta x años después –ya he dicho que son inteligentes–, o los desgraciados a los que se les interpone la muerte, todos acaban indefectiblemente por tener sus horas bajas), es el elegido por Marty Di Bergi para iniciar su película. Las ventajas del falso documental son obvias. Di Bergi-Reiner se las apaña para meterse en medio de las conversaciones más importantes entre los miembros del grupo, el manager y la discográfica sin ningún impedimento (algo totalmente impensable si se tratase de un documental real sobre un grupo real), desgranando así todos los entresijos de la banda, pero sin abusar de los consabidos tópicos de sexo, drogas y alcohol. En este aspecto la película es mojigata hasta un punto exagerado pues no es ya que no se cebe en estos tres temas indispensables siempre que se habla de música (pues por más que cueste creerlo, siempre van unidos de forma natural), sino que lejos de películas como por ejemplo Velvet Goldmine (id., Todd Haynes, 1998), 24 Hour Party People (id., Michael Winterbottom, 2002), The Doors: La leyenda (The Doors, Oliver Stone, 1991) o Sid y Nancy (Sid & Nancy: Love Kills, Alex Cox, 1986), se elude por completo cualquier anécdota escabrosa, no apareciendo en toda la película ni pezón, ni jeringuilla, ni raya ni botella. Bueno, a lo mejor alguna botella sí, pero de menos de 20º.

Estas escenas de la vida interna del grupo dotan a la película de una estructura más cinematográfica, en el sentido de que no parece tanto un reportaje como cuando se alterna con las clásicas entrevistas a los miembros de la banda y su entorno, actuaciones en directo, y en general, el tipo de cosas que suelen verse en un documental sobre una banda (me viene a la cabeza uno de Kiss en el que una muchacha aplastaba una lata de cerveza con sus senos). Por ejemplo, las manías. Como toda estrella del rock que se precie, los miembros de Spinal Tap también tienen alguna que otra. Si Eddie Van Halen amenazaba con suspender su concierto si encontraba un solo lacasito marrón en el tarro de cinco kilos que solicitaba antes de cada show (Julián Hernandez dixit –3–), Nigel Tufnel no se queda atrás: memorable es la perorata que larga en el camerino porque el pan no es lo suficientemente grande para que quepa el filete sin doblarlo. También están sus amplificadores que llegan hasta 11, en lugar de hasta 10, como cualquier amplificador normal, y la mejor de todas, la guitarra que se compró para no tocarla nunca (no le ha quitado ni el precio), insuperable.

Como puede observarse a la luz de letras como Mi nena me va como un esmoquin de carne / Me gusta hundirla con mi torpedo rosa, estos tipos no sólo destacaban musicalmente, sino que también eran unos auténticos poetas. Pero ciñámonos ya a la realidad, pues debemos recordar que Spinal Tap es un invento y hay que reconocerles el mérito a los cuatro creadores de los temas que no son otros que los guionistas del filme, que, exceptuando a Reiner, son también los miembros del grupo. Michael McKean y Christopher Guest son los guitarristas St. Hubbins y Tufnel respectivamente, mientras que Shearer es el bajista. Evidentemente, el grupo son sólo ellos tres, pues habida cuenta del problema que tienen con los baterías, a ninguno de ellos le da tiempo a consolidarse como un miembro definitivo de la formación, y sus teclistas permanecen en el anonimato y son intercambiados con facilidad. Tras la película, la banda sonora del filme se convirtió rápidamente en un gran éxito de ventas. El álbum contenía temas de Spinal Tap tanto de los 80 como de los 60, bastante dispares, y si no, atiéndase a (Listen To The) Flower People, por ejemplo.

Son incontables los fans de Spinal Tap a lo largo y ancho del globo, sin duda la banda ficticia con más seguidores de la historia, lo que les llevó a sacar un nuevo álbum real en 1992, Break Like The Wind (el primero si descontamos la banda sonora de la película), en el que alimentaban un poco más el mito que crearan unos años antes, y así, a la vez que calmaban el ansia de sus incondicionales seguidores, se llenaban un poco los bolsillos.

Los más fanáticos de Los Simpson sabrán que Harry Shearer es uno de los dobladores habituales de la exitosa serie, y es mítico el capítulo en el que Bart y su inseparable amigo Milhouse van al concierto que los Spinal Tap ofrecen en Springfield, final accidentado incluido, por otra parte, en consonancia con la calidad de los shows que pueden apreciarse en la película. Porque por encima de todo, lo que retrata Reiner, la historia que se han inventado entre los cuatro, no es otra cosa que la caída de un mito. Aquí se toma a risa, es cierto, pero ¿cuántas veces no hemos visto cosas parecidas con auténticos monstruos del rock de antaño?. Prefiero no dar nombres. Aquí, en la película, no da tanta pena. Todo lo contrario, es muy divertido ver a unos individuos que llenaban estadios no mucho tiempo atrás, en shows decadentes haciendo el ridículo (impagable la secuencia de los enanos y el monolito en miniatura), o tocando en bailes para militares ociosos y planteándose su futuro como vendedores de zapatos.

O eso, o irse de gira por Japón. Con batería nuevo si hace falta.

La crítica opina sobre Spinal Tap

 lntravenosa de Milo: «Esta portada de mal gusto es clara señal de la falta de creatividad musical que hay dentro. La tasa de crecimiento musical del grupo no puede ni trazarse. Están naufragando en un mar de sexualidad infantil y poesía mala.»

Sandwich de Tiburón: «Sandwich de mierda

EI Evangelio según Spinal Tap: «Esta recopilación pretenciosa y pesada de salmos de rock religioso basta para preguntarse en qué día creó el Señor a Spinal Tap y si no podría haber descansado ese día también.» (4)

(1) New Wave Of British Heavy Metal, movimiento musical que representa el resurgir del rock duro en el Reino Unido entre finales de los setenta y principios de los ochenta con grupos como Iron Maiden, Judas Priest, o Motörhead como principales impulsores. Aunque el origen de Spinal Tap es anterior, su declive comenzó a la vez que este movimiento y de haber existido el grupo, presumiblemente habría compartido cartel con alguna de estas bandas.

(2) Me refiero fundamentalmente a Peter Jackson y su falso documental Forgotten Silver (1996) que narraba la vida de un neozelandés que inventó el cine sonoro y después, por si fuera poco, el cine en color, aunque me han dicho que hay un tal Michael Moore de aspecto similar que también se dedica a los documentales.

(3) En ¿Hay vida inteligente en el Rock & Roll?. Julián Hernández. 1999.Temas de hoy. Colección pandemonium.

(4) Críticas (tan ficticias como la propia banda) citadas en la película por Di Bergi.