Miradas de Cine GERRY
(Gerry, 2002. Gus Van Sant)
  MdC
Por Jorge-Mauro de Pedro















Miradas de Cine © 2002-2004

Una brillante estupidez

Tirar de hemeroteca es siempre algo tendencioso, violento y –mal que me pese– clarificador. En este mismo medio, tan directo como poco contrastado, me explayaba tiempo ha sobre la penúltima palma de Oro de Cannes: Elephant, de Gus Van Sant. En aquella crónica cargaba cuál vaquilla furibunda y embolada contra el director estadounidense, sí, el mismo que firma la presente, catalogada por el menda como genuino cult. Menuda coherencia, ¿eh?

Esto no es un renuncio, no se relaman. Si algo tenemos los críticos –niego la mayor: los 'opinadores', puesto que este es un oficio del que no obtengo provecho alguno– es una capacidad infinita para abundar en nuestros errores. No, dejémonos de ironías. Echando la vista atrás, Elephant me sigue pareciendo una película hueca, encumbrada por una serie de valores (¿?) que se escapan todavía al entendimiento de este despistado redactor.

Eso no quita que reconozca un hecho incuestionable: debería de haber visto Gerry antes de aventurarme con Elephant (orden lógico en el que fueron paridas por el ínclito Gus). Como sabrán, esta última lleva un par de años sin contar con el beneplácito de la distribución en nuestro país (¿hasta diciembre, quizás?)... aunque escuchen lo que les digo: no me extraña.

Así define el propio director esta comezón suya: «estoy en un momento en el que quiero explorar. Reconozco que estoy tomando una dirección extraña, hacia ningún lugar, pero prefiero este camino que convertirme en un cineasta estándar».(1) O un bonito modo de decir que no espera volver a ganar dinero con esto del cine. (¿Tanto habrá hecho ya?)

Porque Gerry es una película imposible en su simpleza. Insufrible, a buen seguro, para una gran mayoría, acostumbrada a seguir historias que van hacia algún lugar, con guiones mejor o peor estructurados aunque, cuanto menos, inteligibles. En fin, para un espectador que se quedó en el siglo XIX, a la sombra del naturalismo y del realismo (¡qué inteligente que es el público!). Y ocurre que Gerry es... ¿cubista? ¿Dadaísta? O sencillamente... ¿estúpida?

No crean que lo tengo nada claro. Cuando me dijeron que iba a estar 100 minutos viendo a dos tíos caminar por el desierto, sonreí con descreimiento. "Algo más habrá, hombre". Y... no, no hay nada más (¿o sí?). Porque ese es exactamente el "argumento" de Gerry: Matt Damon y el hermanísmo de Ben Affleck vagando entre guijarros, arena y arbustos. Amanecer tras amanecer. Sin agua, sin comida.

Gerry es por momentos aburrida, enervante. Sí. Y por momentos, también, poética y hermosa (2). (Aunque eso de la poesía ya saben lo tremendamente subjetivo que es... soy de los que se ponen en guardia de inmediato cuando escucha auto definirse a alguien como "poeta" o "progresista"... ¡¿qué querrá de mí?!). La hermosura, digo, que se desprende de contemplar durante un prolongado espacio de tiempo un cuadro o un paisaje rico en matices, compuesto de microscópicas pinceladas y cuya complejidad técnica sólo descubrimos al mirarlo desde más cerca. O el lirismo que emana de la pasividad, extraño goce que se obtiene –por ejemplo– de quedarse sentado en una tarde de verano, viendo desfilar a la gente sin un propósito concreto.

Nada sabemos ni del uno ni del otro. Parecen dos chicos normales de su edad, flipados por los juegos de ordenador y practicantes de una extraña jerga adolescente donde el nombre de Gerry se convierte en adverbio, verbo y adjetivo... bastante parecido al vocabulario de los pitufos, sea dicho sin maldad. ¿Se llaman los dos Gerry? ¿A quién o a qué hace referencia este nombre propio? ¿Qué hago viendo una película tan absurda?

Capaces de abandonar una senda que suponen concurrida para llegar solos a una cima donde algo extraordinario está ocurriendo, esa "cosa" que quizás sirva para darle un sentido a sus vidas... o para escapar de un interminable domingo por la tarde. Algunos letreros diseminados por una carretera inhóspita (¿señales, signos, psicomagia proveniente de la montaña sagrada de Jodorowsky)?, la misma que han transitado en coche hasta acabar en este paraje desértico. Lástima que todo parezca tan igual en mitad de la nada...

Incapaces de retomar el camino bueno ('gerry' en slang, vendría a significar algo así como "error"), la desesperación se irá apoderando paulatinamente de ellos. Trazan diferentes alternativas, elaboran planes con la intención de encontrarle una salida a semejante atolladero. Hacen también otras muchas cosas absurdas, carentes de sentido: ¿qué hace de repente uno de los personajes en lo alto de una roca? ¿Cómo ha logrado subir hasta ella? ¿Cómo bajará?

Por supuesto que –como todas las películas que alcanzan la condición de cults de forma tan temprana– tiene un montón de lecturas posibles. Porque cuenta a su favor con la ambigüedad, valor que no supo explotar Elephant, demasiado obvia en sus simbolismos y metáforas "elevadas". Gerry, de hecho, se constituye en uno de los experimentos más radicales de los últimos años (nótese que ninguna de estas características –experimental, radical– me llevaría a confundirla con "imprescindible" o "sensacional"), adentrándose su director en una nueva etapa, cuya continuidad –ahora sí– se observa en la fallida Elephant.

Así pues, aquí también nos encontraremos con esos planos celestiales donde las nubes parecen desfilar con prisas, atropellándose entre ellas. Incluso esos seguimientos de personajes con la cámara varios metros por detrás de sus posaderas y que tanto me irritaron en la maratón pasillera de Elephant. Las dos comparten momentos que invitan a la cabezada, al abandono.

Gerry, oscilante pues entre la afectación y la sencillez, lo sublime y lo ridículo, nos habla -quizás- del acto de crecer. De esa travesía del desierto que es la adolescencia, donde apenas manejamos ideas claras sobre nada ni nadie en particular. De la dualidad, de ese desdoblamiento en nuestra personalidad que termina con la muerte -con el asesinato- de una por parte de la otra: de la génesis del cambio. Habla también de los errores, de las vacilaciones, de las tonterías que cometemos en este y en otros estadios de la existencia.

La esterilidad e incógnito del propósito que comparte(n) Gerry es equiparable al que gobierna la mayor parte de nuestros actos y quimeras. Lugares hacia los que caminamos arrastrando los pies, con los labios resecos. Cumbres hasta las que subimos penosamente y tras los cuales descubrimos, desconcertados... un nuevo desierto.

No me digan qué hace espacial a esta película. ¿Una gran fotografía al servicio de la nada? Quizás. ¿El encoñamiento snob por encontrar ese "algo" que quizás ni el mismo autor pretendía? No, no, me niego a buscar explicaciones. Ámenla u ódienla, pero si alguna vez tienen la oportunidad, no dejen de ver (sufrir) Gerry.

(1) Entrevista a Gus Van Sant: http://www.lavozdegalicia.es
(2) ¿Acaso no apostaba Elephant por lo mismo, por la poesía y el deleite de las formas? Quizás, pero con una trampa que a mi entender la invalidaba: partía de un hecho tan terrible como real para regodearse en un ejercicio estético. Y que conste que no tengo una visión moralista del arte.