El último viejo zorro de Hollywood

Clint Eastwood tuvo unos comienzo difíciles, como todo el mundo. Hizo su primera aparición como intérprete no acreditado en el mítico film de Jack Arnold Tarántula (Tarántulas; 1955), pero se hizo con un nombre en la industria del espectáculo —que no del cine— con la serie de televisión Rawhide (1959), en la que interpretaba a un aguerrido pistolero. Fue precisamente ese rol de pistolero, lo que hizo que Sergio Leone sopesara su nombre para que protagonizará un western de bajo presupuesto italo-germano-español titulado Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari; 1964). La jugada le salió redonda a Leone y además de originar toda una tendencia dentro de lo que se terminó denominando eurowestern o spaghetti-western, el binomio Leone-Eastwood rodarían dos y exitosas películas más, La muerte tenia un precio (Per quache dollaro in piu; 1965) y El bueno, el feo y el malo (Il buono, il bruto, il cattivo; 1966). El devenir posterior de Cilnt Eastwood no sería el mismo a partir de aquí y no solo en lo que a popularidad se refiere, la sombra de Leone seguiría planeando sobre la carrera de Eastwood para siempre.

Al regresar a los Estados Unidos como era de esperar, a Eastwood solo le llovían papeles para películas del oeste de similares características a las que había interpretado con Leone y de hecho, en 1968, Eastwood aceptó protagonizar Cometieron dos errores (Hang´em Hight ) del mediocre Ted Post. No obstante ese mismo año 68 se produjo el siguiente encuentro crucial y decisivo de la carrera de Eastwood. En un primer momento, Don Siegel no estaba muy seguro de la viabilidad de Eastwood como intérprete y curiosamente, el actor estadounidense tampoco terminaba de convencerle la idea de trabajar con Siegel, de modo que ambos y, sin saberlo el otro, pidieron los trabajos más significativos del otro. Así Siegel, tras ver la trilogía del dollar de Leone y, Eastwood algunas de las mejores películas de Siegel, ambos se prestaron a colaborar juntos, ya de buena gana, en La jungla humana (Coogan´s Bluff; 1968). Con Siegel, Eastwood se desmarcaría, al menos en parte de su encasillamiento en el western y se configuraría como uno de los más exitosos actores del cine de acción del momento. Siegel-Eastwood rodaron juntos además de La jungla humana, Dos mulas y una mujer (Two Mules For Sister Sara; 1970), El seductor (The Beligued; 1971) y sobretodo Harry el sucio (Drty Harry; 1971), el éxito más atronador de la pareja.

Como en el caso de Leone, la sombra de Siegel siempre formaría parte indisociable de la obra de Eastwood tras las cámaras.

Nace un cineasta

El mismo año que Eastwood filmó con Don Siegel Harry el sucio, Eastwodd rodó su primer largometraje como director; una película verdaderamente insólita para la época, Escalofrió en la noche (Play Misty For Me;1971). Como suele ocurrir en este tipo de proyectos, en un primer momento nadie apostaba por una película como Escalofrío en la noche y, esta fue la razón principal por la que Eastwood se puso al frente y se empeño en sacar el film adelante. Eastwood no tenia ningún inconveniente en protagonizarla, pero lo de dirigirla ya era otro cantar. El futuro director no tenia nada claro que pudiera sacar adelante una película con las generosas dosis de inquietud y tensión que un guión como el de Escalofrío en la noche requería, pero fue su amigo Don Siegel quien animó a Eastwood a que ingresara en el gremio de los directores y, finalmente, así fue.

Clint Eastwood ya dejó muy claras dos constantes omnipresentes en su cine con aquélla pequeña joya, por un lado su habitual economía narrativa —el film costó 750.000 dólares y se filmó en cuatros escasa semanas— y por otro lado, su particular preocupación por los personajes como un elementos cuyo realismo, se hace indispensable para la verosimilitud de la historia. Filmada con buen ritmo y ya por aquel entonces, de forma pausada, sin prisa pero sin pausa, Escalofrió en la noche, como casi todas las películas de Eastwood como director, sostiene un tempo muy particular, donde importa más el ritmo interno del relato que el externo.

A partir de entonces, Clint Eastwood alternaría su carrera de intérprete con la de director con notable fluidez. Su carrera tras las cámaras no obstante, resulta bastante menos prolífica que como actor, lo que por otro lado, es algo a todas luces lógico. Dos años después de su debut como director, Eastwood se sintió con fuerzas para filmar su primer western como director, la espléndida Infierno de cobardes (High Plains Drifter; 1973) a la que le siguió, ese mismo año una película nuevamente extraña para un director-actor como él, vinculado al cine de acción, Primavera en otoño (Breezy ), en la que se nos cuenta la difícil relación entre un hombre maduro y una jovencita. Primavera en otoño no es que fuese una mala película, Eastwood de hecho —en esta ocasión, solo tras las cámaras— demostró poseer una capacidad más que encomiable para narrar historia difíciles y con pocos personajes, pero lo cierto es que el largometraje recordaba, y no hacia olvidar, un clásico de similares características, Lolita (1962) de Stanley Kubrick.

Pero por lo general, las películas dirigidas por Eastwood fluctuaban entre el cine policiaco o de acción —Licencia para matar (The Eiger Sanction; 1975), Ruta suicida (Gauntlet; 1977), Firefox, el arma definitiva (Firefox; 1982) o Impacto súbito (Sudden Impact; 1982) y el western El fuera de la ley (The Outlaws Josey Wales; 1976), Bronco Billy (1980) y El aventurero del medianoche (Honky Tonk Man; 1982) por más que estas dos últimas no sean, estrictamente, weterns y, El jinete pálido (Pale Rider; 1985)—.

Ante semejante filmografía y pese a la aparente coherencia interna de la misma, lo primero que, al menos, a título personal me llama la atención de Eastwood como director, es la capacidad del cineasta no ya para amoldarse a cualquier tipo de historia, sino el propio interés de Eastwood por contar historias diferentes y atractivas, sin reparar en lo arriesgado o no de producto resultante. Esto, que era algo perceptible aunque no del todo obvio en la filmografía de Clint Eastwood como director, empezará a tomar cuerpo a partir de 1988, —tras la bienintencionada aunque parcialmente fallida El sargento de hierro (Heartbreack Ridge; 1986) y el interesante corto Vanessa en el Jardín para la serie Cuentos asombrosos —con una película tan peculiar como seductora titulada Bird, biografía del músico de Jazz —una de las mayores pasiones de Eastwood— Charlie Parker interpretado por un excelente Fores Whitaker. Ya no se trata de un género u otro, sino de aproximaciones humanas. Un interés que Eastwood seguiría cultivando en su siguiente largometraje Cazador blanco corazón negro (White Hunter, Black Heart; 1989).

El universo Eastwood

Dejando a un lado una tontería más o menos divertida —según se tenga el estómago— como El principiante (The Rookie; 1990) —que casi podría ser vista como el adiós de Eastwood al cine de acción sin más—, 1992 fue el año Eastwood con la magistral Sin perdón (Unforgiven ) ahora si, el personal y apacible adiós del director al wetern . La crítica de todo el mundo aplaudió al unísono la película y ya a partir de entonces, nada volvió a ser lo mismo. Eastwood entró en un estado de gracia prolongado donde prácticamente ninguna de sus películas, parecía bajar de lo notable; Un mundo perfecto (A Perfect World; 1993), Los puentes de Madison (The Birdges of Madison Country; 1995), Poder absoluto (Absolut Power; 1996) Medianoche en el jardín del bien y del mal (Midnight in the Garden of Good and Evil; 1996) y Mystic River (2003), incluyendo la impecable aunque un tanto efímera Ejecución inminente (True Crimen, 1999), la divertida aunque a todas luces prescindible Space Cowboys (2000) y la entretenida aunque con cierta tendencia al estereotipo Deuda de sangre (Blood Work; 2002).

Million Dollar Baby (2004) se presenta como la última aportación de Eastwood que además le ha valido dos nuevos Oscar, al mejor director —desbancando a un Scorsese al que la Academia le debe un Oscar desde hace ya tiempo— y a la mejor película, prácticamente los mismo que el cineasta consiguió en 1992 con Sin perdón, solo que cambiando el de mejor montaje de aquel año, por el de actriz principal para Hilary Swank de este.

No es de extrañar que Million Dollar Baby haya originado la conmoción generalizada que ha ocasionado. Se trata de una película extremadamente desnuda, donde parece que nada se interpone entre la historia y el público. Clint Eastwood ha demostrado a lo largo de su carrera que no es amigo de las manipulaciones o los artificios escénicos. El director de Un mundo perfecto prefiere limitarse a narrar, a contar una historia dejando a sus personajes que deambulen con total libertad. El cine de Eastwood es cada vez más y más minimalista y también u por fortuna, más y más adulto y, en este sentido, su posición frente a las historias que cuenta es un ejemplo de verdadera honestidad cinematográfica.

Resulta sintomático en este sentido como el director adopta una posición alejada de la acción en beneficio de que los acontecimientos sean libremente interpretados y juzgados por el espectador. Para tal fin, Eastwood utiliza el método de la no intromisión, es decir, Eastwood filma con profundo respeto ante lo que esta contando y por eso, los acontecimientos y las acciones parece sucederse con toda fluidez, como si no pudiera ser de otra forma. Con Clint Eastwood la cámara pierde casi por completo, su papel de instrumento mediador, a través del cual se ponen en contacto ficción y realidad, o dicho de otro modo, relato y público.

A Clint Eastwood le interesa mostrar a sus personajes tal cual son, así como sus decorados, en Million Dollar Baby, grandes y espaciosos, pero también empapados en tristeza y cierto toque de decadencia, como de hecho son sus personajes, desde Frankie Dunn (Eastwood), un entrenador de boxeo al que nada más comenzar el film le abandona su púgil más prometedor, por otro representante más rico e influyente, a Eddie Dupris (Morgan Freeman), casi un fantasma que custodia el gimnasio sin dinero ni para unos calcetines nuevos que se quedó sin ganar su último combate, pasando claro esta por Maggie Fitzgerald (Hilary Swank), una mujer que ha entrado en la treintena, que trabaja de camarera y que come de las sobras de sus clientes.

Eastwood no vende su cámara ni ante la situación más tentadora. Los combates son filmados sin demasiado énfasis, ese no era el interés de Eastwood, al contrario que el Avildsen de Rocky (1976) o el Scorsese de Toro salvaje (Raging Bull; 1980). El director de Ejecución inminente se conforma con una convencional cámara lenta cuando Maggie es noqueada con fiereza y condenada a estar postrada para siempre en una cama. No hacía falta más intromisión por parte del narrador. Es en este último acto donde más se la jugó Eastwood y donde más y mejor denota el cineasta su madurez y sus principios como artista. La situación se prestaba a malas jugadas, a engaños tramposos, a sensiblerías de corte fácil y en última instancias, a resoluciones estereotipadas, pero por fortuna, no es así. Eastwood no entra en el juego moral de matar o no matar a Maggie, no es esa la cuestión, al menos en mi opinión, Frankie desconecta a Maggie porque es su deber como padre moral de esta. Ya no se trata de si está bien o no, sino de que Frankie no tenía otra opción, si quería concluir su relación con Maggie, al nivel al que había llegado.

Obviamente la ambigüedad moral esta de fondo, y es la que incomoda a Frankie, y la que le obliga después a desaparecer del mapa, pero no creo que esta sea la cuestión de fondo de Million Dollar Baby. Como ya se había dejado notar en anteriores películas de Eastwood —Mystic River sin ir más lejos— la edad en el cineasta norteamericano le está haciendo volcar las motivaciones de sus personajes en las relaciones paternales, el motor de la existencia para muchos, y nuestra huella en este tortuoso camino que llamamos vida.

Y es que, no es de extrañar y tampoco hace falta ser un estudioso en el cine del director para darse cuenta que desde hace unos años para acá, la edad ocupa un lugar fundamental dentro de los temas tratados por el cineasta. En este sentido resulta brillante esa idea en la que el agente que interpretó Eastwood en Deuda de sangre, sufriera un infarto al corazón nada más empezar el film, al perseguir al asesino en cuestión. En Million Dollar Baby, Eastwood ha dado un paso hacía adelante, y si bien el paso de los años sigue siendo una cuestión que empapa el relato, ya no se trata del motor de la historia, como lo había sido en la propia Deuda de sangre o Space Cowboys. Million Dollar Baby es más un film existencial, en torno al conjunto de una vida y no la exaltación de los valores de la vejez.

Imágenes que susurran

Estamos acostumbrados a que el cine nos lance discursos sin demasiados filtros. Vemos una película y enseguida sabemos que se nos ha querido decir. A mi parecer, o bien yo andaba algo despistado el día que fui a verla, o Million Dollar Baby nos dice muchas cosas y además, en voz baja. No da la impresión que la última película de Cilnt Eastwood sea un alegato a favor de la eutanasia, como si lo era Mar adentro (Alejandro Amenábar; 2004), o al menos esa es la sensación que yo percibí. De hecho, creo que es en este punto, donde Million Dollar Baby destaca frente a otro productos similares. La película de Eastwood nos habla de la vida, en toda su plenitud y crudeza, pero sobre todo, creo que de sueños y frustraciones y de cómo estos, afectan a nuestro posterior devenir vital. Frankie, Eddie y Maggie han sido víctimas de sueños truncados y no por eso, han dejado de existir, al menos a un estrato físico, porque lo cierto es que a un nivel vital, algo más metafísico, su presencia si que resultaba algo más gris.

Este complejo y rico discurso viene expuesto por Clint Eastwood con suma pulcritud, con excelsa sutileza, como si no quisiera decir nada explícitamente y si mucho implícitamente. De hecho, es posible que uno no salga con una idea extremadamente clara en torno al discurso último del film —salir de ver Million Dollar Baby deduciendo que se acaba de ver una película en favor de la eutanasia es, a mi parecer, minimizar en extremo su contenido—, pero si que parece cierto que uno no puede permanecer indiferente ante Million Dollar Baby, la sensación de desolación, el sentimiento de tristeza no sin cierta nostalgia, resulta en mi opinión abrumador. Parece que en Million Dollar Baby —como apuntaba líneas arriba—, las cosas han ocurrido así porque no podía haber sido de otra forma. De modo que uno no tiene la impresión de haber sido utilizado en pro del sentimentalismo fácil, las historia es tal cual la hemos visto.

Pero es que además, la impresión final de Million Dollar Baby no deja de encubrir cierto agrado, cierta liberación aunque eso sí, de forma muy moderada. Porque al fin y al cabo, Million Dollar Baby es en última instancia, la historia de una reconciliación, entre Frankie y él mismo, y entre la hija de este y su padre, aunque en cierto sentido ambas relaciones vengan a significar lo mismo. Frankie sabe que es lo que tiene que hacer, aunque en esencia estemos hablando de matar a alguien. No se trata, creo yo, de estar a favor o en contra de la eutanasia, se trata sospecho, de una herramienta dramática utilizada con sumo detallismo y sin truculencias extremas. Frankie debe matar a Maggie, porque solo así podrá vivir en paz, aunque su vida sea una muerte dramática. La partida de Frankie una vez ha desconectado a Maggie, puede ser vista como una salida del relato, como una muerte narrativa, algo así como cuando Frodo parte con Gandalf en una barca al final de El retorno del Rey (The Return of the King; 2003). En ambos casos se trata de una muerte dramática, narrativa si se prefiere, que no física.

Se me viene a la cabeza, ya para finalizar, uno de esas frases que algún avispado crítico usó en su día y que se rescató para la edición del film en video o DVD, me estoy refiriendo a un maravilloso eslogan publicitario que en su día apreció junto a la edición en video de precisamente, Sin perdón que pienso, le viene muy bien a Million Dollar Baby. Espero que el crítico en cuestión me disculpe que no lo cite textualmente, pero no recuerdo ni de lejos su nombre o el medio en el que apareció. En cualquier caso, aquel afinado crítico señalaba; dentro de unos años será un clásico, de momento se queda en obra maestra.

Pues eso es Million Dollar Baby, una oda a la sencillez formal y como esta, no está reñida con la complejidad dramática y discursiva. Una gran película.

Por Ramón Monedero
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