Es muy difícil reflexionar ahora (supongo que dentro de otra década seguirá siéndolo) sobre atrocidades como las que se cometieron hace apenas diez años ante nuestra mirada impasible. Los genocidios sistemáticos en Rwanda y, sin ir tan lejos, en Sarajevo (en pleno corazón de Europa) llegaron a convertirse en fragmentos tan odiosamente reales que acabamos por abstraernos de aquellas imágenes y asimilarlas con la misma naturalidad que podíamos ver a Carmen Sevilla presentando el telecupón. Ahora el irlandés Terry George, guionista de En el nombre del padre (Jim Sheridan, 1993), ha filmado Hotel Rwanda, un desolador remake de La lista de Schindler (cambien la Alemania nazi por la Rwanda Hutu) que, muy a nuestro pesar, pone sobre la mesa de nuevo las atrocidades que nadie se atrevió a detener en el país africano.

Hotel Rwanda es la aproximación de un europeo a un terrorífico drama africano, que tiene en su banda sonora uno de los mayores aciertos de la producción (el otro, sin duda es la elección de Don Cheadle para el papel protagonista). Varios estilos se entremezclan en el score de Hotel Rwanda, debido a la multiplicidad de artistas que brindan su talento al álbum.

Antes de valorar cada tema, es necesario destacar la atmósfera que destila el disco. Resulta prácticamente imposible imaginar un score que rezume optimismo y esperanza para ilustrar la historia del exterminio de un millón de personas en cuestión de meses, pero la música del film de George consigue transmitir de principio a fin una vitalidad y una energía difícil de describir.

El mayor contrapunto a esa sensación llega con las aportaciones de Rupert Gregson-Williams, hermano de Harry (Spy game: Juego de espías) e integrante de la inagotable cantera de fanáticos de la electrónica que es Media Ventures. Él es quien suscribe dos piezas como Interhamwe Attack y Ambush , que marcan los mayores focos musicales de tensión, inquietud y oscuridad. Las guitarras electricas y la percusión, junto a distorsionados efectos sonoros conviven sin apenas melodía para incomodar y alertar al oyente/espectador. Las cadencias atonales se suceden y los susurros conviven con ecos de tambores in crescendo. Resulta interesante la aportación del menor de los Gregson-Williams, que hasta el momento se había limitado a elaborar la música adicional de películas cuyos títulos es mejor dejar en el olvido.

El inevitable exotismo que se suele utilizar en los scores de films ambientados en África aparece desde el primer corte del disco, Mama Ararira. De esa composición se encarga Afro Celt Sound System con la impresionante aportación vocal de Dorothee Munyaneza (que repite presencia en otros dos temas). La influencia es clara del inspirado score pergeñado por Peter Gabriel con la ayuda de Nusrat Fateh Ali Khan para La última tentación de Cristo. Incluso se aprecian en Hotel Rwuanda ecos de una banda sonora más reciente, como la de Black hawk derribado. Esos ecos están presentes también en The road to exile , la otra pieza de Afro Celt Sound System, en la cual un sintetizador se encarga de crear un extraño mestizaje de sonidos que resume las muchas influencias que aglutina el disco. El italiano Andrea Guerra, otro de los compositores fundamentales del álbum, es el artífice de la segunda mitad de Mama Ararira, más minimalista y doliente que la primera. La melodía que sobrevuela ese fragmento es la protagonista, más adelante, de Finale , el corte más épico de la grabación, compuesto para cuerda también por Guerra, al igual que sucede con Children found, maravilla que, a pesar de su brevedad, cuenta a su favor con la excelente intervención del Coro da Camera del CIMA (Centro Italiano di Musica Antica).

El espíritu de la película está condensado en ese primer tema y en el siguiente, Mwali We!, una auténtica oda a la vida, adaptación de un cántico tradicional que, con un estilo propio, recuerda el fabuloso álbum Cánticos melanesios de La delgada línea roja, editado como complemento del score de Zimmer para la obra maestra de Terrence Mallick.

Los coros infantiles juegan también un importante papel en la canción estrella del álbum. Million voices, una soberbia creación ex profeso de Wyclef Jean (ex líder de The Fugees) que, a juicio del resultado final, parece haberse escuchado mil y una veces la discografía de un maestro como Youssou N'Dour. Million voices optó al Globo de Oro a la mejor canción; allí no competía con Al otro lado del río (tema de Jorge Drexler para Diarios de motocicleta) y debía haberse impuesto, en vistas de sus inexpresivas competidoras. No lo hizo pero Jean ha conseguido todo un himno reivindicativo del país gracias a una cuidada producción y su lúcida aportación vocal.

Deborah Cox puede ser uno de los descubrimientos del disco para las audiencias españolas. Nobody cares es una acompasada maravilla que deja en pañales a una compañera de generación como Beyoncé, tan reiterativa como inesperada en la última ceremonia de los Oscar. Cox es un fenómeno en Estados unidos cuyos discos aún no han encontrado hueco en el mercado español. Su canción quizá es la que más se aleja del asunto narrado en la película, la que resulta más, por así decirlo, occidental, en contraste con el resto de piezas. Sin embargo funciona a la perfección como reflexión desde el otro lado del charco, como muestra del distanciamiento ideológico y de contrapuestas raíces musicales entre África y el resto del mundo.

Así queda evidenciado en el siguiente corte del disco, Umqombothi, a cargo de la solista sudafricana Yvonne Chaka Chaka. La canción está escrita en 1993, pero encaja como un guante en el tono del álbum, mejor incluso que la aportación de Cox, y al mismo nivel que Mwari Sigaramahoro , tema tradicional interpretado por Isonga. La cantante ruandesa pertenece al sello discográfico Real world, promovido por Peter Gabriel, con lo que el círculo de influencias queda perfectamente cerrado.

Tilly Key es la vocalista que interpreta Ne Me Laisse Pas Seule Ici, otra aportación en la línea del tema de Deborah Cox que, a mi juicio, pierde fuelle y no está a la altura del resto del cd. Demasiada épica para la poca emotividad que transmite la voz de la solista, pese a los épicos coros que la acompañan en el final del trayecto.

Para finalizar, el score rescata un tema de 1999 firmado por Bernard Kabanda: Olugendo Lw'e Bulaya , una delicia que puede interpretarse como una muestra rudimentaria y especialmente inspirada de lo que debe ser el country en África: una guitarra, una inolvidable voz y una rudimentaria flauta consiguen que la magia fluya.

El score de Hotel Rwanda nos hace viajar, y ese es uno de sus mayores logros, a un país remoto, a un continente mucho más lejano de lo que dicen los mapas. Las raíces africanas presentes en el score suponen sus momentos más álgidos, sus logros mayores, y son capaces de transmitir inspiración y esperanza desde el mismo corazón de la tragedia.

Por César Combarros
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Música de VV.AA. Edita: Commotion Records (Reino Unido y otros, 2004). Duración: 49:32. Director: Terry George.

1. Mama Ararira (Afro Celt Sound System y Dorothee Munyaneza) • 2. Mwali We! (Dorothee y Ben Munyaneza) • 3. Million Voices (Wyclef Jean) • 4. Interhamwe Attack (Rupert Gregson-Williams) • 5. Nobody Cares (Deborah Cox) • 6. Umqombothi (Yvonne Chaka Chaka) • 7. The road to Exile (Afro Celt Sound System) • 8. Whispered Song • 9. Finale (Andrea Guerra) • 10. Ambush (Rupert Gregson-Williams) • 11. Ne Me Laisse Pas Seule Ici (Tilly Key) • 12. Mwari Sigaramahoro (Isonga) • 13. Olugendo Lw'e Bulaya (Bernard Kabanda) • 14. Children Found (Guerra) • 15. Icyibo (Dorothee y Faith Munyaneza).