Hero, la penúltima película de Zhang Yimou, dividió como nunca a los seguidores de este prolífico director. Mientras unos se quedaron embobados por el inenarrable sentido estético de la película, otros (especialmente los seguidores de la primera época del realizador) salieron espantados ante tanta sobredosis de color e imaginería visual. Sin embargo, al director no parece importarle demasiado esta polémica, porque ha vuelto a facturar otra producción en la que por encima de todo prima el goce estético, aunque el guión haga aguas y la trama resulte entrañable de puro naïf.

Shigeru Umebayashi, el responsable de las partituras, ha participado en las últimas películas de Wong Kar Wai. Como en aquellas, el compositor opta en La casa de las dagas voladoras por los motivos hipnóticos y repetitivos, y por un eclecticismo a prueba de bombas que en ocasiones, alguna postal étnica fuera de lugar, se le vuelve en contra.

El score de Umebayashi es extremadamente minimalista y delicado en ocasiones. En algunas piezas, los sonidos de los instrumentos se van evaporando lentamente, casi sin sentir. Todo lo contrario de las estridencias que se podían encontrar en el score de Hero, a cargo de Tan Dun. En este sentido Umebayashi se acerca más a las composiciones del también japonés Toru Takemitsu para Ran, la mítica película de Kurosawa.

En ocasiones, da la impresión de que la película de Yimou esté hecha para el espectador occidental no avezado en leyendas orientales, encantado de dejarse embaucar por el lirismo extremo de la producción, y de perder su sentido crítico por el camino. En este sentido, y probablemente para escarnio de puristas, la banda sonora mezcla instrumentos tradicionales orientales, sintetizadores, instrumentos de cuerda y hasta guitarras. Así, el motivo central del film, Lovers (por otra parte, el título japonés de la película), aparece en varias versiones distintas. Una de ellas cuenta con el único acompañamiento de un erhu (una suerte de violín chino), que se verá arropado por un increíble acompañamiento de cuerda en la segunda de las versiones. Por su parte, Lovers (title song) cuenta con la voz de la soprano estadounidense Kathleen Battle. Se trata de una pieza con-olor-a-oscar que diluye los efluvios orientales en aras de una mayor comercialidad. Battle arruina la composición con un tono estridente que trata de imponerse impostadamente a una pieza extremadamente delicada y frágil.

Otra de las piezas más arrebatadoramente bellas del CD, No way out, recoge la mezcla a la que nos hemos referido anteriormente. Se trata de una pieza de corte marcial, en la que se van superponiendo los sonidos de una flauta Dizi, el repique monótono de un tambor y sonidos sintetizados. Otras piezas, como The Peonyhouse, abundan en esa combinación de instrumentos orientales con ritmos sintetizados y voces sampleadas, aunque acabe desbarrando en el turbio terreno de la world music. Incluso, se pueden encontrar particulares homenajes a las partituras de Ennio Morricone para los Spaghetti Westerns de Sergio Leone. Es el caso de Leo´s Eyes, una pieza que huele a sudor y a polvo del desierto (en las antípodas de los tupidos parajes que aparecen en el film de Yimou). Otra de las piezas, The echo game se beneficia del uso intenso de tambores al más puro estilo del teatro Kabuki; una pieza enfebrecida, desmesurada, que en pantalla acompaña un momento de auténtico delirio onanista de Yimou.

Uno de los momentos álgidos del score de Umebayashi es, como no podía ser de otra manera, Bamboo forest. La pieza acompaña uno de los momentos más impactantes del film: una batalla al ralentí que tiene lugar en un imposible bosque de bambú. La composición cuenta con la participación de la vocalista Tomoko Kanda, cuya voz se arrastra como una letanía al son de una instrumentación exigua. Pero hay más voces femeninas en el score. La propia Zhang Ziyi participa en Beauty Song, una de las piezas más hermosas del CD, provista de un lirismo sobrecogedor. Como casi todos los cortes de la obra de Umebayashi, se trata de una composición de escasa duración. Un total de 20 canciones se agrupan en un CD que no llega a unos cincuenta minutos de duración, y que puede saber a poco. Sin embargo, a diferencia de películas recientes de coreografías tan medidas como Kill Bill, en la que la banda sonora perdía peso al disociarse de las imágenes, aquí Umebayashi logra un score que se puede disfrutar por sí mismo y que, escuchado libre de prejuicio, supone una grata sorpresa en un campo en el que la imaginación comienza a cotizarse a precio de oro.

Por Javier Pulido
caratula

Música de Shigeru Umebayashi. Edita: Sony (China-Hong Kong, 2004). Duración: 49:37. Director: Zhang Yimou.

1. Opening title • 2. Beauty Song (Jia Ren Qu) • 3. The Echo Game • 4. The Peonyhouse • 5. Battle in the Forest • 6. Taking her hand • 7. Leo's Eyes • 8. Lovers Flower Garden • 9. No way out • 10. Lovers • 11. Farewell No. 1 • 12. Bamboo Forest • 13. Ambush in 10 directions (Shi Mian Mai Fu) • 14. Leo's Theme • 15. Mei and Leo • 16. The House of Flying Daggers • 17. Lovers (Mei and Jin) • 18. Farewell No. 2 • 19. Until the end • 20. Lovers (Title Song)