Frigidez narrativa
¿A qué edad tuvo su primera experiencia sexual? ¿Se masturba a menudo? ¿Ha tenido relaciones fuera del matrimonio? ¿Practica el sexo anal?... Tales preguntas, y muchas otras, todas ellas contempladas en los cuestionarios en los que se basó el Informe Kinsey sobre los hábitos sexuales de los americanos, resultan aun hoy embarazosas para un buen número de ciudadanos de los Estados Unidos. La insólita decisión del biólogo Albert Kinsey de desarrollar un estudio sobre conocimientos y hábitos sexuales a finales de la primera mitad del siglo XX destapó una tormenta en su país. Debemos reconocer que aun hoy en día, pese a la información formal e informal, hay numerosos grupos sociales en nuestro entorno a quienes estas preguntas les parecerían obscenas y muchos otros que tendrían dificultades en responderlas.
Bill Condon consiguió hace seis años un estimulante film basándose en un pasaje de la vida de James Whale, el director del Frankenstein clásico (y de la excelente Bride of Frankenstein). El deseo homosexual de Whale por su hercúleo jardinero se asimilaba con la fuerza desatada del monstruo de la película y su posterior sublimación era objeto de un estudio que no por limitado dejaba de ser sugerente y estimulante. Condon alejaba la historia de Whale del "biopic" clásico con una elegancia visual y narrativa muy valorable.
No es sin embargo el resultado que se da en Kinsey. En esta ocasión Condon ha elaborado una cinta discreta en exceso, entendiendo por discreta su intención de no destacar una escena por encima de otra. Albert Kinsey, antes de sexólogo, dedicó su carrera y sacrificó su familia a la entomología, llegando a clasificar un millón de avispas de determinado tipo. Su carácter laborioso, introvertido y metódico se prolongó en su segunda vocación, dedicándose al sexo con una curiosidad atrapada por la metodología y con una persistencia gélida. Parece que el carácter de Albert Kinsey haya contagiado las maneras de Bill Condon, de manera que el resultado es poco menos que aséptico. Tras una acertada introducción en la primera media hora de la cinta, en la que el propio Kinsey (y posteriormente su mujer, Mac) responden como conejillos de indias a las preguntas del cuestionario y, a través de las mismas, conocemos su vida, Condon pasa a revisar los puntos más destacados de la elaboración del informe: la selección de los investigadores, la búsqueda de financiación, la obtención de los sorprendentes resultados, los conflictos de un grupo de estudio endogámico y progresivamente promiscuo y, finalmente, las dos caras de los resultados. Sin embargo, Condon presenta las sucesivas escenas con tanta elegancia como astenia. Evita, como el profesor Kinsey, el apasionamiento y el escándalo. Es de agradecer que se evite el chiste fácil o el recurso a una trama de vodevil sexual. Por suerte no nos somete a la enésima versión del héroe enfrentado a una comisión del "stablishment" (ya tuvimos suficiente con Scorsese, Hugues y De Caprio). Pero a la película le falta vigor sexual y calor humano. El conflicto de Kinsey con su padre (el siempre infrautilizado John Lightgow) se resuelve a favor de la fria corrección de Liam Neeson a través de un diálogo punteado de sarcasmo. Sólo hay en su última entrevista un apunte de ternura, un doloroso reconocimiento del fantasma de la represión que marcaría la vida de padre e hijo. De la misma manera, la bisexualidad y los flirteos de Kinsey, su pareja y sus colaboradores, aunque explicitada, es tratada con tal suavidad, tal amabilidad, que parece ser el resultado de una sesión de terapia de pareja más que un nudo en la relación entre dos personajes que se intuyen ambiguos, atractivos y contradictorios.
Kinsey no es una mala película. No es ni tan siquiera impotente ni insatisfactoria. Se disfruta con interés y con agrado. Pero no hay escena que alcance un orgasmo ni nos explicita los conflictos sufridos por este biólogo que un día dejó de atravesar avispas con un alfiler y empezó a coleccionar seres humanos. Quizás Condon ha recreado, con un éxito que no habría sido deseable, el frígido estilo de este entomólogo. Quizás, simplemente, Kinsey resulta ser un producto de "izquierdas", políticamente correcto, de una industria de "derechas".
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| EE.UU y Alemania, 2004. TO: Kinsey. Dirección: Bill Condon. Guión: Bill Condon. Producción: Gail Mutrux.
Fotografía: Frederick Elmes. Montaje: Virginia Katz. Dirección artística: Nicholas Lundy. Música: Carter Burwell.
Duración: 118 min.
Interpretación: Liam Neeson (Alfred Kinsey), Laura Linney (Clara McMillen), Chris O'Donnell (Wardell Pomeroy), Peter Sarsgaard (Clyde Martin), Timothy Hutton (Paul Gebhard), John Lithgow (Alfred Sequine Kinsey), Tim Curry (Thurman Rice), Oliver Platt (Herman Wells), Dylan Baker (Alan Gregg), Lynn Redgrave (Entrevistadora). |
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