Reunión de topicazos
Lo peor que le puede suceder a una película es que sea inverosímil. Mejor dicho, que sea conscientemente inverosímil. No olvidemos que el cine es el arte más arriesgado, ya que compone una falsa realidad que se basa en la simulación, en la descomposición del espacio en planos de diferente tamaño y en la radical anulación del tiempo real provocado por las elipsis. Por consiguiente, el hecho de que nos creamos una película, que accedamos a ella absorbidos por la representación que se nos plantea, no es un hecho menor, si no un logro mayúsculo que habitualmente pasa desapercibido.
Ahora bien, esto se puede venir abajo con gran facilidad cuando el film quiebra sus intenciones, desplazando la realidad creada a un segundo nivel y mostrando el artificio del que se ha servido para ocupar la hora y media de rigor; esto es, dicho de otra forma, que la película muestre sus debilidades y los "trucos" utilizados para captar la atención del espectador. Saw es un ejemplo contundente de lo expuesto, ya que el puzzle que se supone que es la película deviene en un irremediable caos narrativo que deja al descubierto la inconsistencia de lo que no tiene ni pies ni cabeza.
El film de James Wan da comienzo como una revisitación realista del Cube de Vincenzo Natali, en el que el cineasta propone un juego particularmente sugestivo y prometedor: dos desconocidos, encadenados en unos lavabos subterráneos, han de seguir las reglas de un macabro juego en el que uno de ellos debe matar al otro o morirán ambos. Empero, aquí termina el interés del film, ya que lo que sigue a continuación no es más que una irritante reunión de tópicos que, si bien quieren apuntar al apabullante estilo esgrimido por David Fincher en Seven (el crimen como arte; la contrición de las faltas o pecados,...), acaban por parecer un chapucero remiendo de El coleccionista de huesos, sin personalidad propia y, lo que es más lamentable, desprovistos de la más básica coherencia.
Hay una obsesión compulsiva por sumir al espectador en un mare mágnum de pistas falsas (el personaje interpretado por Danny Glover) y en una aglomeración de situaciones inauditas, con el fin de desconcertarlo y abocarlo a un doble final tan irrisorio como mal resuelto. Y ello no es más que la proyección evidente de la impotencia. La impotencia de un guión construído bajo mínimos, que no puede mantenerse en pie por sus propias fuerzas y ha de recurrir a los más sobados elementos del thriller contemporáneo para que obtenga un mínimo de funcionalidad (la pareja de policías en la que uno de ellos muere; el secuestro de la madre y la hija,...). Y la impotencia de una dirección grisácea, rutinaria y superficial, subordinada a un montaje excesivo y enmarañado en el que queda patente la escasa entidad de una película casi totalmente desprovista de atractivos. Una película que maltrata al sufrido espectador en una sucesión de trampas premeditadas e inconsistentes (el asesino, apenas visto durante un par de segundos a lo largo del film), ubicada en la inercia cinematográfica y en la búsqueda desesperada de lo comercialmente llamativo.
Si bien hay que reconocer que algunas de sus secuencias están ejecutadas con algo de dignidad (y sirva como ejemplo la inquietante escena en el garaje), ello no es suficiente ni para cubrir las expectativas que se apoderan del espectador en su llamativo comienzo, ni para salvar un conjunto que se precipita, irremisiblemente, hacia el desastre.
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