Cine Punki
En ocasiones se le presentan a uno dilemas peliagudos a la hora de puntuar películas, execrable práctica esta —y no por ello menos extendida entre la prensa especializada— que tiene el único aliciente de convertir en jueces a indocumentados del calibre del menda.
No nos vayamos por los cerros de Úbeda: cinematográficamente hablando, Team América es una película irregular y muy justita, fruto perecedero (al igual que la ya tan vieja Fahrenheit 9/11) deudor de unos tiempos en los que hemos asistido a la consagración de lo disidencia light y lo políticamente incorrecto (auspiciada por modelos tan descerebrados y sin embargo tan dignos de estudio como el kamikaze Leo Bassi o la serie Jackass, reinterpretación MTV del dadaísmo para delincuentes juveniles en prácticas).
¿Es un avance, es un retroceso? ¿Se impone un posicionamiento moral que nos impida "disfrutar" de este tipo de productos parapetándonos en conceptos tales como el buen gusto o el incuestionable hecho de que se atente contra el honor de las personas? El caso es que a día de hoy, un espectador suficientemente enfermo (¿o, sencillamente, receptivo y desprejuiciado?) puede ver cualquier barbaridad que se le antoje... y también escucharla. Y es en ese sentido en el que abundan de nuevo Parker y Stone tras la estela de su South Park, aunque abandonando cualquier vestigio de sutileza —vamos, ¡como si ya hubiese alguna posibilidad de confundir South Park con los Teletubbies!— y cargando las tintas de un modo cruel, violento, zafio... y sí, también divertido.
Esta última expresión ("divertido") pónganla en cuarentena. Porque Team América es un manifiesto punki que a muchos les parecerá execrable. Y no les faltarán razones: frivoliza sobre el terrorismo, machaca a personajes e instituciones públicas, arrasa ciudades, despliega un catálogo homófobo a la altura de El sargento de hierro... es sangrante y, a ratos, de una malevolencia exacerbada, supurando tiña y pus por los cuatro costados.
Todo esto es cierto. Pero cuando uno, a pesar de los pesares, se sorprende y se asusta a sí mismo riéndose a carcajadas, será porque entre tanta metralla verbal adivina casquillos depositarios de alguna verdad inmisericorde (aunque esta pierda parte de su validez al ser gritada con aliento cazallero, salpicada de vómitos y vísceras de actores norteamericanos).
Lo cierto es que ningún hooligan de la presuntamente libre y paradisíaca Europa ha osado realizar hasta ahora un ejercicio iconoclasta de la magnitud de Team América (en España, impensable: para empezar porque el alineamiento progre-guay de nuestro star-system es una fotocopia del modelo yanqui). ¡Y no me digan que no hay temas para sacarles jugo! Una vez más, la contradictoria América, («la verdadera» como dirían los protagonistas de este escuadrón del infierno con licencia para masacrar), demuestra que realizando actos de contrición no hay quien le gane. Bukowski, Miller, Mailler o Ellroy, desde la larguísima barra de bar de un cuadro de Hopper, parecen apurar sus copas y brindar por la perpetuación de una tradición genuinamente americana: izar la bandera de tu país para entonar acto seguido un «¡que te jodan!» con la mano en el pecho.
Parker y compañía nos hablan de una acobardada aldea global que asiste alucinada a las andanzas de un grupo de vaqueros de gatillo fácil, que no dudan en hacer todo lo "necesario" por preservar la paz y la estabilidad mundial, aunque el precio sea demoler el patrimonio artístico y cultural de medio planeta. Pero es que, caray, «¡la libertad no es gratis!».
Estos muchachotes cumplen con creces el rosario de tópicos presentes en toda película de acción que se precie: altos ideales, romance entre los integrantes del equipo, féminas con el mismo target hormonal y que aprenden sin embargo a "valorar su amistad", tipos duros traumatizados por oscuros episodios de la infancia, ex-universitarios ases del deporte...
Team América reparte a derecha e izquierda, sin compasión. Hans Blix, el incompetente ex-jefe de los inspectores de la Comisión de Control, Verificación e Inspección de la O.N.U., aparece representado como un pardillo que se planta a pecho descubierto en el palacio del tarado y megalómano dictador norcoreano Kim Jong II, para que le abra algunas de las puertas que están cerradas y echar una ojeada...
Michael Moore (de quién no les gustó nada la copia que realizó de sus cartoons para ilustrar uno de los pasajes más celebrados de Bowling for Columbine, amén de presentar a los creadores de South Park como "esos buenos muchachos que han sabido como sobrevivir en la América profunda sin liarse a tiros") termina emulando a los suicidas palestinos y no duda en inmolarse (junto a sus perritos calientes) en la sede de la poderosa organización de defensa nacional, reduciendo a pedruscos los dignísimos rostros labrados en el monte Rushmore.
Pero donde el punzón llega a tocar hueso es con el tema del activismo político de los multimillonarios "de izquierdas", sí, esos que ocasionalmente hacen cine. Decir que resultan corrosivos con ellos sería quedarse muy, muy corto. Vamos a asistir a la ejecución sumaria de Ethan Hawke, Alec Baldwin, Samuel L. Jackson o Helen Hunt; Sean Penn perecerá devorado por gatos-pantera, Tim Robbins quedará reducido a cenizas por culpa de un maldito fumador, Susan Sarandon caerá desde lo alto reventando contra el suelo... pero Dios mío, lo que le hacen a Matt Damon... lo que le hacen a Matt Damon no tiene nombre. Sólo decirles que se me hará difícil volver a verlo en un filme "serio" sin partirme la caja... supongo que el hombre lo estará pasando francamente mal, tratando de rehacer su vida con la socorrida terapia de grupo. Estamos contigo, Matt.
Guiños a La guerra de las galaxias, Indiana Jones y el templo maldito o Kill Bill, pitorreo a costa del musical Rent y el SIDA, lenguaje obsceno por doquier, sexo explícito entre marionetas, felaciones necesarias para renovar compromisos éticos («go!»)... Team América es indudablemente una gamberrada que puede herir sensibilidades (sí, se pasa cinco pueblos), pero también un desfase tan necesario como los Sex Pistols y su God Save the Queen. Si alguien tenía que hacerlo, mejor dejarlo en manos de Trey y sus desolladores.
¡Y dar gracias de que no se hayan fijado en nosotros como blanco de sus invectivas! |