El amor físico
La presente película supone uno de los más enigmáticos largometrajes dentro de la carrera de su autor a pesar de ser sin ninguna duda una de sus películas más personales y cuyo fracaso en la época, a pesar del respeto que ha ido adquiriendo con los años, sentó muy mal a François Truffaut debido al gran empeño emocional y desgaste psicológico que le supuso la realización de la cinta.
Hermana gemela de Jules y Jim (Jules et Jim, 1962), supone como ella, la aproximación más profunda y personal que su creador ha hecho a través de los entresijos del amor obteniendo como resultado seguramente la película más romántica que el cineasta más romántico haya realizado jamás. Dejando de lado cualquier hilo argumental que pueda servir de excusa, la película es una sucesión de sentimientos filmados tal como Truffaut ha venido demostrando en cada uno de sus largometrajes que giran en torno al amor. Pero no un amor en general, abstracto y etéreo, Las dos inglesas y el amor (Les deux anglaises et le continent, 1971) versa sobre el amor físico, la pasión que evoluciona desde la post adolescencia hasta la madurez. Un amor que hiere sin quererlo, que desgarra, un amor carnal, y que como resultado dio una película totalmente física sobre el sentimiento humano por antonomasia. El componente sexual y el deseo de sus protagonistas trasciende la pantalla y se erige en un personaje tan o más importante que su trío protagonista pero la sutileza el buen hacer del cineasta francés tras las cámaras convierte un tema tan peligroso por no caer en lo absurdo o gratuito como el sexo, en un acto poético, mostrando la importancia que tiene el sexo y su ausencia en sus personajes de una forma totalmente abierta pero púdica, sin tapujos pero bajo la moralidad de sus protagonistas y sobre todas las cosas, de la forma más lírica que un tema que incluso hoy sigue siendo tabú en mucha gente y muchas películas, se muestra aquí de una forma admirablemente adulta.
Basada en la novela del mismo título de Henri-Pierre Roché, el libro nos explica el triángulo que se establece entre dos hermanas inglesas y un joven francés al que apodan "El continente" durante años, siendo sus amoríos y sus sentimientos el eje de la trama. La novela de difícil adaptación a la pantalla se compone básicamente de cartas, monólogos e intercambio de correspondencia que unido al hecho que los sentimientos se mostraran gracias a la facilidad que le otorgaba el intercambio epistolar, de una franqueza íntima total dificultaba su desarrollo cinematográfico.
Truffaut a quien le unía una gran amistad con Roché ya que se enamoró de su anterior novela Jules y Jim (más tarde entraré en detalles entre las similitudes entre ambas) decidió abarcar la empresa teniendo como bandera insigne realizar una película totalmente carnal sin mostrar el amor físico pero que estuviera presente de una forma desgarradora.
Para ello Truffaut se sirve de una voz en off (excesiva en más de una ocasión) que nos describe los sentimientos de los personajes que están separados durante la mayor parte del metraje y que acentuado con bonitas metáforas cuando trata sobre el sexo, como aquella en que para expresar que Anne y Claude mantuvieron relaciones durante una noche antes de la partida de ella a Persia, lo adorna diciendo "se despidieron durante toda la noche", otorgándole un halo romántico que en ocasiones resulta algo cargante pero que cumple su función. De igual modo las continuas elipsis que sacuden el metraje hacen entrever los múltiples cortes que sufrió la película en el momento de su estreno y que como en cualquier otra película su visionado es incompleto y cuya sensación de un poco evolución dramática o lagunas de guión se debe al criterio de otros no al del propio Truffaut a pesar de verse afectada la calidad de su obra.
Secuela lógica de Jules y Jim con quien comparte demasiadas similitudes a la par que enormes diferencias. Las dos inglesas y el amor es una revisión de la película anteriormente citada con algunas de sus virtudes y sus defectos por consiguiente. El triángulo amoroso cambia de sexo siendo en esta ocasión un hombre y dos mujeres en lugar de lo inverso. Si Roché se basó en si mismo para el personaje de Jim, el protagonista de Las dos inglesas y el amor es intencionadamente el mismo Roché pero con elementos del propio Truffaut. De hecho el mismo Claude escribe en la película una novela que se titula Jerome y Julián que hasta los menos avispados pueden reconocer lo que no hace falta explicar.
La diferencia básica con la anterior novela y película es la evolución de Truffaut como persona y como cineasta. En esta ocasión el director se muestra más seguro a la hora de abordar la fisicidad de los sentimientos otorgando el papel de alter-ego al actor Jean-Pierre Leaud que sería su otro yo delante de la cámara dejando claro la implicación emocional.
Si en 1962 Truffaut filma Jules y Jim como claro ejemplo de la Nouvelle vague con un trío adulto que rompió barreras y enamoró y escandalizó a partes iguales, en 1971 el cineasta rebelde se ha calmado (que no estancado) y un estilo más clásico domina su manera de rodar. Si ideológicamente Las dos inglesas y el amor bebe de la primera y se nutre de ella, formalmente Truffaut ha sabido ir más allá y separarlas no cayendo en el mayor error que podría haber conseguido y ése era realizar una copia de la anterior.
Para ello el director de Tirad sobre el Pianista (Tirez sur le pianiste, 1960) adquiere un estilo más maduro y sosegado que le imprime un cierto aire de experiencia al dominar en todo momento el material con el que trabaja y realzando sobremanera los pasajes más sensibles obteniendo secuencias tan logradas como la pérdida de la virginidad de Muriel donde la voz en off que nos recuerda que Claude la posee por vez primera siete años después de haberla conocido, la puesta en escena con la única banda sonora de los jadeos de Muriel encuadrándola a ella con la entrada y salida de cuadro de Claude mientras le hace al amor finalizando con un encadenado que muestra la sábana manchada con la sangre de ella se convierte no ya sólo en una bellísima secuencia tratada de forma sublime sino dramáticamente la resolución de una tensión sexual que ha durado siete años y que en una novela es más fácil relatarla y que a pesar de la dificultad que entraña su traslado a la pantalla (por extensión, tiempo, dinero y talento) Truffaut ha sabido adaptar durante todo el metraje para adquirir la fuerza necesaria del momento. Otro ejemplo sería la utilización de la cámara en mano que acompaña a Muriel a vomitar tras confesarle su hermana que es la amante de Claude enseñándonos su malestar y su repulsión o como Truffaut encuadra a Claude y Anne cuando se disponen a hacer el amor antes que ella parta y le confiese a su hermana la situación y es que ellos encerrados en sus sentimientos y en su pasión obtienen su traslado al lenguaje cinematográfico encuadrándolos tras una reja.
Truffaut en todo momento encierra a sus personajes, los encierra sentimentalmente y espacialmente, ellos son presa de sus sentimientos y relaciones, y ésta marca su evolución. Es el perro que se muerde la cola y que en algunos momentos recuerda por sus situaciones y sus soliloquios acerca del amor al Rohmer de La coleccionista (La collectioneuse, 1967) o Mi noche con Maud (Ma nuit chez Maud, 1969).
La gran lacra que arrastra la película es la interpretación de Leaud que no hace olvidar a Doinel y que a mi juicio y en contra de la opinión del mismo Truffaut, no tiene grandes registros interpretativos pero que a pesar del inicial rechazo que supone el intentar no compararlo con Doinel y uno entra en la película, se percata de lo sensible de la propuesta y que sin abusar de secuencias ñoñas o sensiblerías de pastel, el cineasta que mejor ha retratado jamás todas las posibilidades y vertientes acerca del amor humano, consigue una de las películas más humanas que trata acerca del amor y de la importancia del sexo, o como decía Roché, de la parte física del amor.
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