Situada entre una de sus películas de más prestigio, Las dos inglesas y el continente (. o Las dos inglesas y el amor, en versión doblada) (1971) y su película de mayor éxito comercial, La "oscarizada" Noche americana (1973), Una chica tan decente como yo (Une belle fille comme moi, 1972) es una de las realizaciones de Truffaut más olvidadas. y olvidables.
La historia, bajo el pretexto de unas entrevistas para elaborar un estudio sociológico en torno a la marginación, sigue la trayectoria de Camilla Blis (Bernardette Lafont), una joven de origen rural que no ha dudado en escalar su posición social de cama en cama y recurriendo al asesinato y al chantaje cuando lo ha considerado necesario. Los personajes que encuentra en su camino son a cual peor: un padre maltratador, un amante idiota, un cantante aprovechado, un abogado corrupto y un desratizador obsesivo. El profesor Stanislas Previne (la primera interpretación de André Dussolier) decide, con tesón y con fe, analizar esta evolución desde un punto de vista racionalista e ingenuo. Su inocencia (que remitiría, entre otros, a la de los sabios de Bola de Fuego de Hawks) le hace el blanco de las burlas de Camilla, su "discreto" objeto de deseo y, finalmente, su llave para salir de la cárcel. La devoradora de hombres, sin embargo, no tendrá escrúpulo alguno en demostrar cuan equivocado estaba el sociólogo al plantear que el camino delictivo de Camilla se debía a condicionantes externos y le tiende una trampa con tal de borrar de su camino a alguien que sabe demasiado. Habría que plantearse si Truffaut (guionista junto a Jean Loup Dabadie) veía en este desafortunado Stanislas una versión burlona del perseverante doctor Itard, el protagonista de El pequeño salvaje (1969).
Es difícil elaborar otros comentarios positivos sobre una comedia que sólo pretendía ser alimenticia en el sentido de mantener viva la marca "Truffaut" a la espera de nuevos éxitos comerciales. Une belle fille comme moi no sólo está a años luz de su película previa. También habría que situarla en las antípodas de sus historias anteriores con heroínas duras como La novia vestía de negro (1967) o La sirena del Mississipi (1969), historias de "femme fatale" basadas en novelas de William Irish. Se trata de una obra sin grandes ambiciones y con pobres resultados. Aun reconociendo el buen ritmo con el que está narrada, Una chica tan decente como yo está más próxima a la italiana serie de Jaimito o a los productos de Ozores con Pajares y Esteso que al conjunto de su obra: la estupidez de que hacen gala buena parte sus personajes, su crueldad, la fealdad de muchos de ellos (del guarda de la cárcel al mudo delator) y, por que no decirlo, la combinación de humor fácil y tetas sueltas, son elementos clave de un cine que triunfó en Europa (y que algunos reivindican) hasta finales de los setenta. Tal como cita Carlos Balagué en la tercera parte en el excelente estudio "François Truffaut, la pasión por el cine" (Dirigido Por, n. 120, 121, 122) hay "gags" divertidos como el uso de la banda sonora de las 24 horas de Indianápolis para cubrir los encuentros sexuales de Sam Golden o el personaje del niño director que tiene la prueba de la inocencia de Camille. Pero ni estas escenas ni la buena interpretación de los intérpretes (Dussolier, Charles Denner o Claude Brasseur, abogado venal, a la cabeza) logran salvar el destino de una película que consigue de manera vehemente representar un cine cine feísta y de feo "look", el cine más comercial de los años setenta. Un cine que mucha gente recuerda más que al resto de la obra de Truffaut.
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