La ambigüedad del héroe
Ante una película como Batman Begins no cabe más que el asombro. Asombro suscitado por un sinfín de causas y razones que van más allá de su innegable y más que evidente valor cinematográfico. Quienes dábamos por muerto al personaje después del expolio realizado por Joel Schumacher en Batman Forever (1995) y la impresentable Batman & Robin (1997) apenas atisbábamos un sendero mínimamente transitable, alguna arista no consumada por la mano maestra de Tim Burton o algún aspecto del personaje que no hubiera sido ya expuesto. Batman Begins no solo hace ver que en el cine no hay nada más erróneo que los prejuicios, sino que demuestra que la inteligencia no se ha alejado definitivamente del cine espectáculo norteamericano.
Uno de los mayores aciertos de Batman Begins es el alejamiento consciente de la estela de Tim Burton, tanto en las bases visuales como en todo su aparato intencional. El film de Nolan opta por la oscuridad pero se deshace de los elementos góticos planteados por Burton, para exhibir un halo tétrico, extremo que en más de una ocasión bordea las orillas del cine de terror. Y el aprovechamiento que hace Nolan de la atmósfera es, sencillamente, prodigioso. Casi como una proyección externa de la ambigüedad, las dudas y el temor del superhéroe, la fotografía y los decorados se erigen en elementos fundamentales dentro del propio film, con un sólido siginificado dramático. El opresor ambiente que se respira en Gotham City (casi una mezcla entre Los Ángeles de Blade Runner y la Metrópolis de Lang) se precipita inmisericorde sobre todos los seres que transitan por ella, marcando sus vidas y destinos. En este punto, la presencia de la ciudad se encuentra mucho más lograda que en la de todos los films anteriores, debido a su utilización como elemento simbólico, a la capacidad de Nolan para transformar el espacio en un personaje más adheriéndolo a la acción (impresionante la importancia que adquiere en el bloque final), otorgando al film una extraña dimensión que establece la diferencia clave entre el Batman de Nolan y los de Tim Burton: mientras que este último se adentraba en el análisis de la psicología del personaje dirigiendo todas sus líneas de acción hacia él, Nolan expande el significado de su obra transformando Batman Begins en una escalofriante alegoría social.
¿Y que es, por consiguiente, lo que refleja el film de Nolan a lo largo de sus casi dos horas y media de duración? La respuesta se halla en la escisión en dos partes en la que la obra está estructurada. La primera de ellas, de ritmo pausado e inquietante, muestra la obsesión de Bruce Wayne por consumar la venganza, castigado por un obsesivo sentimiento de culpa al creerse el causante de la muerte de sus padres, y dedicado en cuerpo y alma a un entrenamiento brutal al que es sometido por Ducard. La clave de esta parte se encuentra en la ambigüedad que se extenderá y dominará todo el resto del film: la misión autoimpuesta de Ducard es la de acabar con toda la delincuencia que campa a sus anchas por el planeta, imponiendo a la fuerza la ley del "ojo por ojo" que Wayne, teóricamente, rechazará. Sin embargo, a lo largo del violento, frenético y fascinante segundo bloque, Wayne se irá convirtiendo gradualmente en una especie de Levitán hobbesiano, que lo encauzará por una rabiosa lucha interior que, finalmente, acabará fagocitando a Wayne. La película describe un mundo en perpétuo estado de esa "guerra de todos contra todos" de la que hablaba el filósofo inglés a mediados del S. XVII, una sociedad carente de valores, en el que los cuerpos de seguridad son corrompidos con pasmosa facilidad dejando al descubierto las flaquezas de un sistema que se destruye a sí mismo. Y de este sistema es de donde surge una figura que no entiende otra manera de instaurar el orden más que por la fuerza. Wayne, por ello, acaba convirtiéndose en lo que más detestaba durante su entrenamiento, un émulo de Ducard. Por mucho que su enfrentamiento final esté teñido de un falso maniqueísmo, Batman acaba transfigurándose y convirtiéndose en el único ser que puede enfrentarse a la violencia intrínseca en el ser humano, dando rienda suelta a su propia violencia interna. La maestría de Nolan consiste en reflejar tamaña situación desde la perspectiva de un personaje que, inevitablemente, sirve de identificación al espectador. Dicho de otra forma, la crítica a un mundo atemorizado, no únicamente por sus propios monstruos, sino por el monstruo que los mantiene a raya, explota en las mismas narices del espectador al estar contenida en la figura del superhéroe.
Batman Begins, en definitiva, es una complejísima, apasionante obra cuyos innumerables valores resultan imposibles de asimilar en un único visionado. Una pieza soberbia, al borde de la perfección, que no hace más que confirmar el talento de uno de los mejores cineastas que hay actualmente en Estados Unidos. |
| EEUU. 2005. TO: Batman Begins. Dirección: Christopher Nolan. Producción: Larry J. Franco, Charles Roven, Emma Thomas. Guión: Christopher Nolan, David S. Goyer, sobre los personajes de Bob Kane. Música: James Newton Howard, Hans Zimmer. Fotografía: Wally Pfister. Montaje: Lee Smith. Dirección Artística: Nathan Crowley, Paki Smith. Vestuario: Lindy Hemming. Duración: 141 minutos. Intérpretes: Christian Bale (Bruce Wayne / Batman), Michael Caine (Alfred), Liam Neeson (Ducard), Katie Holmes (Rachel Dawes), Gary Oldman (Jim Gordon), Cillian Murphy (Dr. Jonathan Crane), Tom Wilkinson (Carmine Falcone), Rutger Hauer (Earle), Morgan Freeman (Lucius Fox). |
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