3 días (Francisco Javier Gutiérrez, 2008)

Por Enrique Pérez Romero

Pasión por la imagen

Hay que empezar diciendo que el primer largometraje del cordobés Francisco Javier Gutiérrez posee una idiosincrasia propia; afirmación relevante, y no sólo en el ámbito del cine español. En segundo lugar, resulta evidente que 3 días (España, 2008) podría verse durante la mayor parte de su metraje prácticamente sin escuchar el sonido, lo que prueba la existencia de una gramática visual trabajada y eficaz. En tercer lugar, se percibe en la película una textura de enorme fuerza sinestésica: la atmósfera ardiente y, en ocasiones, repugnante, casi puede sentirse desde la butaca del cine.

Son tres apuntes básicos, pero fundamentales, a la hora de enfrentarnos al análisis de una película en cierto modo diferente. Son tres principios que definen un filme con personalidad y, sobre todo, realizado con el apasionamiento de alguien que disfruta haciendo cine y que logra transmitir al espectador el simple placer de las imágenes significativas, sensitivas: no parece haber en 3 días ni un solo plano realizado desde la desidia o la rutina, todos nos muestran un trabajo concienzudo y con objetivos claros. Algo raro en el cine español. Desde este punto de vista, más allá de algunas otras de sus virtudes y limitaciones que comento a continuación, es desde el que creo que la industria de cine de nuestro país no puede permitirse el lujo de dejar pasar inadvertidamente el talento visual de un filme como este. Quizá un Goya al Mejor director novel no estaría mal, aunque hay que esperar a lo que se estrene durante el resto de 2008.

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Es cierto que en esa pasión por expresar mediante imágenes Javier Gutiérrez comete algunos excesos: no siempre es necesario inclinar la cámara, no en cualquier ocasión resulta eficaz un plano detalle. Su voluntad de estilo quiere hacerse siempre demasiado evidente, y eso lastra en ocasiones la fluidez de un relato que, ya en sí, puede percibirse por el espectador como excesivamente alargado. En esa intensidad visual permanente, que pretende rellenar las lagunas de un guión débil, es donde el filme se empantana a veces, sobre todo en su fase final, y sólo ahí aburre y puede llegar a desinteresarnos.

Entre las virtudes de la película se encuentra una que me parece de importancia capital, y es que logra fusionar con notable habilidad las características esenciales de un cierto tipo de cine estadounidense comercial, con la idiosincrasia propia de los temas y las formas del cine español. Esa mixtura, lograda de una parte mediante la imbricación del costumbrismo, el drama, el suspense y la ciencia-ficción (y hasta el western, en cierto modo) y, de otra parte, mediante la formalización de un estilo claramente personal, logra uno de los objetivos añorados por muchos de nuestros cineastas: unir el relato de lo español (magnífico el diseño de producción que nos devuelve a finales de los 70, principios de los 80) y la capacidad hollywoodiense para “empaquetar” productos. Nunca la España profunda se pareció más a un western crepuscular. Y, dicho esto, parece incomprensible que el filme no haya sido suficientemente publicitado, por no hablar de la lamentable política de distribución y exhibición, que lo ha condenado a un ostracismo injusto y prematuro. Pero esto es harina de otro costal, que la industria española y las instituciones harían bien en ir solucionando con presteza, por el bien de nuestro sector audiovisual.

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Terminaré asegurando que tras la cámara de 3 días se sitúa un cineasta inteligente, capaz de sacar el máximo partido a los recursos con los que cuenta, y también un autor que electriza en ocasiones con su dominio del fuera de campo, ofreciéndonos un recital de cómo situar en un contracampo a veces simplemente invisible o puramente imaginario, la evidencia que andamos buscando con la fascinación de la mirada. A 3 días le falta, para ser un filme excelente, una escritura más cerrada, una narración con unos objetivos más claros, una pizca de moderación en la puesta en escena, una apertura de las formas a las necesidades de la historia por encima de la tendencia personal de su director.

Pero estamos ante un filme notable, que ya fue bien considerado por el Festival internacional de cine de Berlín al ser seleccionado en su Panorama, así como por el Festival de cine español de Málaga, donde logró cuatro galardones, incluyendo la Biznaga de oro a la Mejor película. El filme es, en mi opinión, el más importante de lo que va de año en España, y un aldabonazo en la puerta de los productores españoles, para que observen la posibilidad de hacer algo diferente y sugestivo. Quizá el mejor modo de terminar de hablar sobre 3 días sea decir que podríamos analizarla desde muchas más perspectivas, y con mayor profundidad, y que se revela tras sus imágenes la presencia de una personalidad fuerte, con entusiasmo por controlar la globalidad del proyecto y con la capacidad de que, finalmente, los productores –de aquí y, si no, lamentablemente como en otros casos, de allí- le abran sus puertas de par en par.