Novedades DVD

Por Sergio Vargas

El asesino vive en el 21 (Henri Georges Clouzot, 1942. Suevia)

caratula

   

Henri-Georges Clouzot, más conocido por títulos como El salario del miedo (Le Salaire de la peur, 1953) o la innecesariamente versionada Las diabólicas (Les diaboliques, 1955), excelentes muestras de cine de género, una en el de aventuras y en el del suspense la otra, cuenta en su haber con otras películas que si bien no resultan tan rememoradas no dejan de ser grandes ejemplos de su enorme talento como realizador. Suevia pone a nuestra disposición una divertida comedia de intriga cuyo motivo principal sería sobrevolado con vehemencia en su película posterior, El cuervo (Le Corbeau, 1943) y que desde su mismo comienzo sorprende por la capacidad de síntesis y la solvencia con que el director francés nos presenta el conflicto, ofreciéndonos a la vez las primeras sonrisas. En poco menos de cinco minutos, y a través de unos personajes pegados a la barra de un bar descubrimos la enigmática presencia en París de Monsieur Durand, un asesino que deja su tarjeta de visita en cada lugar del crimen, y lo hacemos gracias a las habladurías, primero, y a los hechos después, a través de un magnífico plano secuencia donde la cámara, que comienza su paseo tras la víctima, se funde subjetivamente con el asesino, al que tardaremos en conocer bien hasta casi el final de los ochenta minutos. A continuación, la no menos memorable delegación de tareas de la policía que deriva en la presentación del protagonista, y, sin solución de continuidad, un carnaval de humor y suspense festejado secuencia tras secuencia. No dejen pasar esta ocasión para congraciarse con unos personajes carismáticos y disfrutar de un guión bien diseñado y unos diálogos incisivos que solo hacen que redondear la milimétrica puesta en escena de uno de los directores más merecedores de elogios del cine francés, y al que sin embargo siempre han robado el reconocimiento los otros grandes como él y unos cuantos sin duda menos interesantes y más plomos. Los nombres ya los sabemos, así que los ahorramos.

Pack BAFF X aniversario (VV.AA., Avalon)

caratula

   

En los últimos tiempos el mercado del dvd nos está deparando algunas sorpresas en lo que se refiere a la recuperación de títulos inéditos en nuestro país. La edición del Pack Baff por parte de Avalon podría considerarse en ese sentido como uno de los acontecimientos del año. Para conmemorar el 10º aniversario de este pequeño-gran festival especializado en cine asiático se han reunido una serie de títulos que han resultado significativos a lo largo del certamen por una u otra razón. Seis joyas del cine de nuestro tiempo que ahora ven la luz en formato doméstico para demostrar a los más incrédulos por qué el continente asiático se ha convertido en uno de los focos de mayor influencia durante el último decenio. En este sentido, el pack explora alguno de los directores más significativos de cada una de las nacionalidades orientales: de Japón podemos disfrutar de dos de las películas más hermosas de Naomi Kawase e Hirokazu Kore-da; Shara, que precisamente ganó el Durián de Oro (así se llama el premio principal del Baff) en la edición de 2004, y After Life, una delicada y poética reflexión acerca de la ausencia y el sentimiento de pérdida a cargo de Hirokazu Kore-eda. De Tailandia nos llega Syndromes and a Century, la hasta el momento última obra de Apichatpong Weerasethakul, uno de los abanderados de la vanguardia actual según ciertos círculos críticos y de Taiwán, Goodbye, Dragon Inn, quizás la mejor película (que ya es decir mucho) de Tsai Ming Liang, un fascinante buceo en el universo del director en clave metacinematográfica. Por otra parte de Hong Kong se encuentra presente Love will tears us apart, que además de ser una canción de Joy Division es una película de Yu-Lik Wai, también conocido por ser el director de fotografía de Jia Zhangke y que desarrolla su obra en el marco de la más estricta independencia en su país por tratar temas como la inmigración, que no son precisamente los más populares en un mercado en el que predominan las cintas de acción. Para terminar, la verdadera delicatesen del pack, The taste of tea, dirigida por el japonés Katsuhito Ishii, perteneciente a una nueva generación de cineastas que hacen de la imaginación y mestizaje genérico su arma más poderosa. A veces las películas son como los amantes. Cuando te enamoras pierdes toda la objetividad. Algo así me pasó a mi viendo The taste of tea en el Baff. Era la primera vez que asistía al festival y desde entonces me enamoré de él. Y es un idilio que todavía continúa. Ojalá que gracias a este pack se sumen a este romance muchísimas más personas. Por una vez, no seré celosa.

Beatriz Martínez

La noche oscura (Carlos Saura, 1989. Suevia)

caratula

   

Suevia nos ofrece una de las películas más extrañas del extraño de Saura, un director que a pesar de tener una filmografía compleja y multipolar, llena de matices, lecturas y escrituras a posteriori, se atrevió a rodar el suplicio de San Juan de la Cruz en un espacio dramático limitado (y opresivo) tal como la angosta celda en la que fue recluido. Una apuesta difícil de irregulares resultados pero que se convierte en una rara avis dentro de un cine español que a finales de los ochenta y principio de los 90 se estaba quedando tan viejo como el del siglo XIX. Su factura impecable y la interpretación de un Juan Diego, que supo contenerse en un papel que le hubiera dado carta blanca para desparramar por doquier su histrionismo, permitió a este filme optar a 8 premios Goya y a cierta relevancia que no fue refrendada ni en taquilla ni en los paneles críticos. Ahora tenemos la oportunidad de recuperar en DVD una experiencia religiosa que diría el otro, un ejercicio autoral que lleva al límite la paciencia de un espectador acostumbrado a otros ritmos, otros temas y otros
sacrificios. Un poco de literatura y otro poco de humildad nunca están de más. Conocer algo de la obra de ese magnífico escritor de hace más de 400 años, tampoco.

Manuel Ortega

La ley (Jules Dassin, 1958. Suevia)

caratula

   

Hay películas que rezuman sexualidad por todas las cuadraturas del círculo de su DVD. Pero es que unir la carnalidad de una Gina Lollobrigida exultante y el misterio sensual de Melina Mercouri en sus mejores días es lo que tiene. Si a eso le añadimos la ambientación siciliana y el buen hacer de un Jules Dassin dirigiendo en libertad, tenemos una combinación perfecta de exotismo, carpe diem y acción artesanal y subterránea. Un filme estimable que transita entre la comedia costumbrista de carácter casi vodevilesco y el thriller de bajas miras y grandes interpretaciones, ya que a  las dos actrices anteriormente nombradas se les une Yves Montand y Marcello Mastroiani
y un elenco de secundarios encabezados por el siempre enorme Paolo Stoppa. Todo lo demás es como estar en un pueblo marinero viendo crecer la hierba pero sin tener que aguantar a Rohmer ni a ningún intrascendente trascendental. Sólo el propio ritmo de una ley propia, providencial y provinciana que recuerda a un descanso entre Rififí y Topkapi con la malicia y el saber hacer que se impone a otras rutinas más legitimadas. Sobre Jules Dassin volveremos en nuestra revista, donde intentaremos homenajear a un director que estuvo siempre a la altura de su obra y de su propia persona.

M. O

Camino sin retorno (Michele Soavi, 2006. Cameo)

caratula

   

Michele Soavi es un viejo conocido de los entusiastas aficionados al cine de terror (los perezosos se contentan con haber visto las últimas propuestas de paises exóticos, o seguir a la guía de viaje impuesta desde uno u otro lado). Ayudante de Dario Argento, colaborador de Lamberto Bava (hijo del brillante Mario aunque desprovisto del inmenso talento de este) y Terry Gilliam, este veterano aunque relativamente joven (apenas pasa la cincuentena) cineasta nacido en Milan, regresó en 2006 a la dirección de largometrajes para la gran pantalla, tras un periplo de más de una década en la televisión, con Camino sin retorno. Thriller con voluntariosas dosis de cinismo focalizadas en su protagonista (el extraño actor Alessio Boni, visto recientemente en un papel principal en la aplaudida La mejor juventud) que deambula a marchas forzadas debido a un guión imposible, una sucesión indigesta de la idea de anti-héroe que desafortunadamente no explota la rabiosa crueldad presente en un relato marcadamente sombrío, al que Soavi procura imprimir una determinada atmósfera (vid. el eficaz aunque elemental empleo del agua) y potencia casi por obligación la antipatía de todos los personajes (incluyendo a la irritante e ingenua Robi). Un film intrascendente de un cineasta que vivió tiempos mejores

José David Cáceres