Los años 20. Actrices y actores

Los rostros de los años 20

Se podría afirmar que el star-system nació con los títulos de crédito. En ese momento, los espectadores pudieron poner nombre a los rostros que hacían feliz sus vidas. Fue en la década de los diez y de los veinte cuando el star-system constituía un proceso recíproco. Si los espectadores recibían con alborozo las películas de sus estrellas, éstas podían todavía controlar sus carreras. Poco faltaba para que los grandes estudios convirtieran el star-system en una máquina de hacer dinero, en un taylorismo en donde ya el actor apenas podría elegir el papel. Pero estamos en los felices y soñadores años veinte, cuando un director, David W. Griffith, un actor, Douglas Fairbanks, una actriz, Mary Pickford y un actor-director, Charles Chaplin, creaban un estudio, la United Artists, que deseaba preservar su talento frente a las barreras creativas que tenían en los grandes estudios, y que preveían irían a más.

El look de los veinte fue singular, no tuvo permanencia más allá de esta década, retratada sin misericordia por Kenneth Anger en Hollywood Babilonia. Fueron años en los que los estudios y los comités de censura amaestraron a la jauría hollywoodiense.

Murieron en estos años

Si hay un rostro que apabulló esta década fue el de Lon Chaney (1883-1930), el hombre de las mil caras. Su muerte en 1930 finiquitó una de las carreras más apasionantes del cine. Su capacidad para cambiar su rostro, con gestos o con maquillaje, su capacidad física para modificar su cuerpo, hicieron de él una admirable rareza. Fue Quasimodo en El jorobado de Notre Dame (The Hunchback of Notre Dame, W. Worsley, 1923), Erik en El fantasma de la ópera (The Phantom of the Opera, R. Julian, 1925), tullido en The Penalty (W. Worsley, 1920). Preparaba con su amigo Tod Browning Drácula (Dracula, 1931), cuando una neumonía acabó con su vida.

Rodolfo Valentino (1895-1926) fue uno de los mayores sex-simbols que ha creado el cine. Sus papeles en Los cuatro jinetes del Apocalipsis (The Four Horsemen of the Apocalypse, R. Ingram, 1921), El caíd (The Sheik, G. Melford, 1921), Sangre y arena (Blood and Sand, F. Niblo, 1922), El hijo del caíd (The Son of the Sheik, G. Fitzmaurice, 1926) cimentaron una carrera de galán cuya muerte por una peritonitis provoco uno de los entierros más multitudinarios. Kennth Anger lo describía así: «Cuando se propagó la noticia de la muerte de Valentino, dos mujeres intentaron suicidarse frente al Policlínico; en Londres, una chica ingirió veneno asida al autógrafo de Rudy; un ascensorista del Ritz en París fue hallado muerto en su cama, cubierto de fotos de Valentino».

Mabel Normand (1895-1930) fue una de las estrellas descubiertas por Mack Sennett. Trabajó con Chaplin, dirigiéndole en alguno de sus primeros cortos, con Roscoe Arbuckle, a quien tiró una de las primeras tartas del cine, en A Noise from the Deep (M. Sennett, 1913), con Harold Lloyd. En 1918 firmó con Samuel Goldwyn un contrato de 3.500 dólares semanales. Falleció de tuberculosis.

Barbara La Marr (1896-1926), comenzó su carrera como guionista, antes de destacar como actriz al lado de Douglas Fairbanks en The Nut (Th. Reed, 1921) sin abandonar su carrera de guionista. Anger escribió: «La muchacha demasiado hermosa era la más rutilante e incontinente adicta de Hollywood. Revoloteó picoteando en todas y cada una de las distintas variedades de los narcóticos».

Thelma Todd (1905-1935) trabajó con Laurel y Hardy, en cortos de Hal Roach, con los hermanos Marx, y en papeles dramáticos, como la primera versión de The Maltese Falcon (R. del Ruth, 1931). Con más de 130 películas murió durante el rodaje de Un par de gitanos (The Bohemiam Girl, J. W. Horne, Ch. Rogers, 1936). La versión oficial indicó que murió por envenenamiento con monóxido de carbono. Nadie pudo explicar las manchas de sangre en su cuerpo. Las versiones son variopintas, desde los celos de su entonces pareja, el director Roland West, hasta la versión de su abogado, que indicaba que fue la mafia de Lucky Luciano quien estaba detrás. Digna muerte para una novela de James Ellroy.

Conviene incluir en este grupo a Max Linder (1883-1925), quien comenzó su carrera en 1905 y fue uno de los grandes cómicos anteriores a la Primera Guerra Mundial, y de los primeros en crear un personaje. Se abrió las venas, después de hacer lo mismo a su esposa, Jean Peters.

Voces imposibles

Sin duda, el mayor número de carreras finalizadas abruptamente en el final de los años veinte fue la irrupción del sonido, lo que implicaba que los actores ahora debían de tener un tono de voz acorde con su imagen y debían de saber recitar e interpretar unos textos. Un amplísimo grupo de estos actores fue fagocitado, los primeros, las bellezas exóticas —eslava, rusa, latina—, por su acento. En algunos casos dejaron de trabajar inmediatamente; en otros, su carrera fue difuminándose, como lágrimas en la lluvia.

John Gilbert (1897-1936) fue el caso emblemático de actor al que el sonido arruinó. Protagonista de El que recibe el bofetón (He Who Gets Slapped, V. Sjostrom, 1924), La viuda alegre (The Merry Widow, E. von Stroheim, 1925), El demonio y la carne (The Flesh and the Devil, C. Brown, 1927) con Greta Garbo, fue sobre todo la estrella de El gran desfile (The Big Parade, K. Vidor, 1925). Parece ser que en su primer largo sonoro, His Glorious Night (L. Barrymore, 1929) los espectadores se rieron de su voz, en lo que más tarde ha parecido una estratagema de Louis B. Mayer para deshacerse de él. Su amiga Greta Garbo intentó, en vano, sacarle del atolladero, y volvieron a trabajar juntos, y por última vez, en La reina Cristina de Suecia (Queen Christina, R. Mamoulian, 1933).

Antonio Moreno (1887-1967). Desde 1918 –cuando compartió cabecera con Pearl White en La casa del odio (The House of Hate, G. B. Seitz)– hasta 1927 con Ello (It, C. G. Badger), con Gary Cooper y Clara Bow, compartió cartel con Greta Garbo, Gloria Swanson, Pola Negri, pero no pudo competir con el sonido. Se dedicó al doblaje de películas al español.

Eleanor Boardman (1898-1991) debutó en 1922 y es conocida por ser la protagonista de …Y el mundo marcha (The Crowd, K. Vidor, 1928). No supo transitar en el sonoro y se retiró del cine en 1935.

Olive Borden (1906-1947) comenzó su carrera en 1924, como una de las bellezas en bikini asociadas a la troupe de Sennett. Con facilidad se convirtió en una actriz muy bien pagada, trabajando con Ford en Tres hombres malos (Three Bad Men, 1926), con Hawks, Walsh, McCarey, Dwan. Bajo contrato de la Fox, el sonoro construyó un nuevo star-system. La voz de Borden precisaba de cierta adaptación. Cuando se le recortó salario, rompió el contrato.

Clara Bow (1905-1965) obtuvo enorme fama gracias al éxito en 1927 de Ello, ofreciendo la imagen de mujer que atraía tanto a hombres como a mujeres. A ésta le siguió Alas (Wings, W. A. Wellman, 1927). Su disoluto comportamiento en unos tiempos en que los estudios buscaban un comportamiento moral de sus estrellas hizo que cada vez confiaran menos en ella. La llegada del sonoro hizo que su aura de femme fatale no tuviera concordancia con su fuerte acento de Brooklyn.

Laura La Plante (1904-1996) trabajó durante diez años bajo el sello Universal (1921-1931) y se convirtió en la estrella del estudio. Su película, hoy día, más conocida es El legado tenebroso (The Cat and the Canary, P. Leni, 1927). En el paso al sonoro, protagonizó un musical, Show Boat (Harry A. Pollard, 1929), en donde las canciones que cantaba su personaje fueron dobladas por otra persona, Eva Olivetti, en uno de los primeros actos de doblaje. En 1934 se retiró.

Pola Negri (1897-1987) trabajó en Polonia, en Alemania con Ernst Lubitsch, con quien cosechó un gran éxito con Los ojos de la momia (Die augen der mumie, 1918). Cruzó el charco, volviendo a trabajar con él. Conocida por sus supuestos romances con Valentino y con Chaplin, la llegada del sonoro dio fin a su carrera, pues nunca pudo superar su fuerte acento polaco y su limitado inglés. Wilder le ofreció ser la protagonista de El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, 1950), pero lo rechazó ofendida.

Blanche Sweet (1896-1986) comenzó a trabajar en 1909 con Griffith protagonizando el primer largo de éste, Judith of Bethulia (1913). Trabajaría habitualmente con De Mille y con Marshall Neilan. Tras tres largometrajes dialogados, se retiró.

Constance Talmadge (1897-1973) comenzó trabajando para Griffith, mientras su hermana Norma (1893-1957) se convirtió en la década de los diez en una de las estrellas de la Vitagraph. Su acento de Brooklyn acabó con sus carreras.

Se retiraron (o los retiraron) en los 20

Si hay una carrera truncada de inmediato, sin que mediaran causas como la muerte o la aparición del sonido, esa fue la del cómico Roscoe Fatty Arbuckle (1877-1933). Desde 1913 trabajó como actor cómico, gracias a su aspecto de bola de mantequilla. Chaplin, Mabel Normand y, sobre todo, Keaton, fueron sus parejas cinematográficas. En 1917 cobraba 5.000 dólares semanales. En 1921 firmó un contrato por un millón anual. Para celebrarlo, organizó en el hotel St. Francis. Una prometedora actriz, Virginia Rappe fallecía de una peritonitis después de que, supuestamente, Arbuckle la forzara de tal modo que desgarró su vagina. El jurado que absolvió a Fatty afirmó: «La libertad no es suficiente para Roscoe Arbuckle. Creemos que se ha cometido una grave injusticia en su persona, y que no hay la menor evidencia para involucrarle en modo alguno con ningún crimen». Su contrato con la Paramount fue cancelado. Arruinado, alcoholizado y no perdonado, falleció el 28-06-1933.

Mary Pickford (1893-1979) fue una de las máximas figuras del cine entre 1915 y 1925. Su éxito la convirtió en la novia de América, la primera actriz con fans en todo el mundo, gracias a sus papeles como niña pobre de graciosos tirabuzones. En 1919 formó parte de la creación de United Artists. Con Coquette (S. Taylor, 1929) obtuvo el primer Oscar de la Academia. Trastornos depresivos, la llevaron a retirarse definitivamente en 1933. Su última película fue Secrets (F. Borzage).

Theda Bara (1855-1965) fue una actriz a la que explotaron como vamp. Su nombre es un anagrama de Arab Death. Se la recuerda por Cleopatra (J. Gordon Edward, 1917). Fue despedida de la Fox cuando la moda de las vamps pasó, sustituida por la de las flappers, Era 1921, se había casado con el también injustamente olvidado director Charles Brabin, que deseaba su retirada del cine y así lo hizo.

Miriam Cooper (1891-1976), trabajó para Griffith en El nacimiento de una nación (1915) e Intolerancia (1916) y con Walsh, con quien estuvo casada. Su carrera, iniciada en 1912 finalizó, por voluntad propia, en 1923.

Dorothy Gish (1898-1968), hermana de Lilian, se inició pronto en el cine, haciendo en pocos años más de cien películas cómicas. En 1926, a pesar de que Nell Gwynne (H. Wilcox) fue un éxito se retiró a Inglaterra tras rodar, un año después, Madame Pompadour (H. Wilcox). Apenas volvió al cine.

Colleen Moore (1899-1988) comenzó a trabajar en 1916, obteniendo poco a poco papeles más relevantes. El éxito en 1923 de Flaming Youth (J. F. Dillon) hizo que su imagen y su corte pelo se pusieran de moda tres años antes de que lo hiciera Louis Brooks. Se retiró en 1928 y rodó alguna que otra película posteriormente.

Edna Purviance (1895-1958) fue la actriz principal de numerosas películas de Chaplin, especialmente El chico (The Kid, 1921) y Una mujer de París (A Woman of Paris, 1922). Se conocieron en 1915, cuando Chaplin buscaba una primera actriz para su segunda película con la Essanay. Siempre la mantuvo en nómina.

Pearl White (1889-1938) fue una actriz cinematográfica estadounidense, apodada la Stunt Queen (Reina Especialista) del silente, principalmente gracias a la serie cinematográfica Los peligros de Paulina (The Perils of Pauline, L. J. Gasnier y D. Mackenzie, 1914). Esta serie le dio mucha popularidad en España, donde se la conocía como Perla Blanca. Rodó muchos seriales en la década de los diez y de los veinte, llegando a cobrar 3.000 dólares semanales por hacer de damisela en apuros, sin necesidad de especialista para las escenas difíciles. Cansada de Hollywood, marchó en 1923 a París, para proseguir un año más con su carrera.

Asta Nielsen (1881-1972) fue actriz desde 1910, trabajó en Suecia y Alemania con Lubitsch, Wegener, Wiene, Pabst, convirtiéndose en su primera estrella cinematográfica. En 1921 fundo su propia productora, interpretando una versión femenina de Hamlet (S. Gade y H. Schall, 1921). Solo trabajó en una película sonora, Unmögliche liebe (E. Waschneck, 1932).

Caídos en desgracia

Los hay que, demostrando su valía en el periodo silente y pudiendo acomodarse al sonoro, prácticamente desaparecieron porque, por una razón u otra, cayeron en desgracia. Hay un nombre sobresaliente en este apartado. Me refiero a Buster Keaton (1895-1966). Como la mayoría de los cómicos de entonces, tuvo su propia unidad de producción, pero decidió venderla a la MGM. Desde entonces, no consiguió adaptarse al sistema de estudios, no pudo controlar sus proyectos y pronto tuvo que dedicarse a la escritura de gags.

En 1915 la actriz italiana Francesca Bertini (1892-1985) cobró 175.000 dólares por interpretar y codirigir con Gustavo Serena Asunta Spina (1915). Fue una de las primeras actrices en comprender que la interpretación cinematográfica nada tenía que ver con el teatro. La llegada del sonoro hizo que su estrella se apagara.

Louise Brooks (1906-1985) comenzó su carrera en Estados Unidos en 1925, y finalizó en 1938. Conocida por su corte de cabello, fue una actriz notable que triunfó con tres películas rodadas en Alemania por Pabst, encarnando modelos de mujer alejados de los estándares. Hoy se la recuerda por La caja de Pandora (Die Büche der Pandora, 1928) en donde hace de vampiresa sexual, asesinada por Jack el destripador. Cuando regresó a Hollywood había sido incluida en una lista negra.

Marion Davies (1897-1961) estuvo vinculada durante más de treinta años al magnate de la prensa William Randolph Hearst. Su carrera durante el cine mudo fue notable y no tuvo problemas con el sonoro, pero su carrera, vinculada a Hearst, finalizó en 1937. La palabra Rosebud —utilizada como clave en Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941)— era como llamaba el magnate al pubis de Marion.

Julian Eltinge (1881-1941) fue un conocido actor teatral que se pasó en 1914 al cine. Fue conocido como transformista y así actuó en muchas películas. En la Las siete ocasiones (Seven Chances, 1925), el personaje de Buster Keaton ve un cartel con una gran foto de una mujer en el exterior de un teatro y entra para pedirle en matrimonio. Mientras se encuentra en el interior, un ayudante de escenario quita algunas cajas, revelando que la mujer es, de hecho, Eltinge. Hacia la década de 1930, los imitadores de mujeres, que eran la base de su carrera, fueron perseguidos por puritanas asociaciones contra el transformismo en público, impidiéndole que actuase vestido de mujer.

Gloria Swanson (1899-1983) debutó en 1915. Con De Mille con quien se convirtió en una estrella. A mediados de los veinte era una de las actrices mejor pagadas. La llegada del sonoro hizo fracasar sus películas. Curiosamente hoy día es recordada por una de sus películas sonoras, El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, B. Wilder, 1950), donde afirmaba: “Sin mí, no existiría la Paramount”. En ella también aparecían Erich von Stroheim, Buster Keaton, Anna Q. Nilsson, y el propio De Mille.

El atractivo, el fino bigote y la sonrisa de Douglas Fairbanks (1883-1939) hicieron de él el galán del cine de aventuras: La marca del zorro (The Mark of Zorro, F. Niblo, 1920), Robín de los bosques (Robin Hood, A. Dwan, 1922), El ladrón de Bagdad (The Thief of Bagdad, R. Walsh, 1924), El pirata negro (The Black Pirate, A. Parker, 1926). Formó parte de la fundación de la United Artists. La llegada del sonoro hizo declinar, poco a poco, su carrera hasta finalizarla en 1934 con The Private Life of Don Juan (A. Korda, 1934).